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Primera noticia, con grandes titulares en todos los medios de comunicación esta mañana: el nuevo atentado contra Donald Trump. Un vídeo muestra el momento en que el autor del atentado corre velozmente, pasando por el lado de varios agentes de seguridad, que empiezan a perseguirlo. Es una escena espectacular, digna de una película de Hollywood.
Si el atentado fue real, por supuesto es condenable. Por mucho rechazo u odio contra una persona, sobre todo si se trata del presidente de un país, la violencia no es el camino para combatirlo. Ese acto es tan condenable como los asesinatos de líderes iraníes en la primera semana de la guerra de Israel y Estados Unidos contra el país persa.
Varias preguntas surgen inmediatamente, al conocer la noticia: ¿Cómo logró el atacante burlar los controles de seguridad? Se ha supuesto que era huésped del hotel en el que se llevaba a cabo la reunión con los periodistas. Sabiendo que se iba a celebrar la reunión ese día y a esa hora, ¿Por qué no se tomaron todas las medidas de seguridad correspondientes, en todo el hotel y sus cercanías? De acuerdo con las informaciones entregadas por el mismo Trump, se produjeron disparos. ¿Cuando se llevaron a cabo esos disparos, antes o después de que el asaltante pasara corriendo tan cerca de los agentes? Lo más creíble es que fue después. ¿Cómo no reaccionaron antes los guardias y lo detuvieron durante esa carrera? Lo podrían haber herido, pero logran reducirlo sin necesidad de herirlo. Eso estuvo muy bien, pero ¿Cómo fue eso posible?
Lo positivo es que no se mató al asaltande, como se hizo en el anterior atentado contra Donald Trump (VER). Siempre es mejor y correcto detener a un delincuente vivo para poder interrogarlo debidamente. El atentado se produce justamente ahora cuando la popularidad del presidente norteamericano había bajado enormemente, debido a su gestión de la guerra que nunca debió comenzar. Conviene recordar que su popularidad como candidato presidencial aumentó en el anterior atentado, cuando éste pronunció algunas palabras inmediatamente después del atentado, mientras sangraba de una oreja. En esta ocasión puede suceder lo mismo, que la popularidad del ahora presidente, aumente. En los dos casos Trump sale beneficiado.
Donald Trump está hacendo renoaciones en la Casa Blanca, que cuestan 400 millones de dólares. Según él, el atentado jamás se habría producido si ya estuviera lista la renovación. Pero la misma ha sido frenada por instancias jurídicas. Ahora le será más fácil llevar a cabo las lujosas reparaciones.
Artículo en proceso de elaboración

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