LA VERDAD, SIEMPRE LA VERDAD.

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miércoles, 10 de febrero de 2010

RECUPERANDO EL IDIOMA CASTELLANO 5

CAPÍTULO 5
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¿NADIE, NAIDE, NAIDEN O NADIEN?
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Sabía que la palabra es NADIE (pronombre indeterminado), desde que era un niño, pero como he oído a tanta gente decir insistentemente (incluso en la televisión) NADIEN, he decidido rescatar la palabra correcta. La única que existe en el diccionario de la RAE y los demás diccionarios de calidad, es nadie, que significa ninguna persona. También significa persona insignificante (en forma figurativa). En forma figurativa y familiar, también significa ser un hombre sin personalidad.
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Ejemplos: Nadie ha venido a ver el espectáculo. A nadie le hemos avisado. Nadie sabía que hoy estaba abierto este local.
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Erróneamente decimos, muchas veces: “No ha venido nadie”. En realidad, estamos negando una negación en esta frase. Más correcto es decir: “Nadie ha venido”.
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Aprovecho esta ocasión para referirme a dos palabras más: ningún, ninguno, ninguna.
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Ninguno es un adjetivo y significa: Ni uno solo. También se usa como pronombre indefinido y significa nulo y sin valor. Por otra parte, también se usa como sinónimo de nadie: ninguna persona.
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Ejemplos: Ninguna persona ha venido a la exposición. Ninguno de los muchachos ha dicho que la fiesta no estuvo divertida. Ninguno fue a la fiesta.
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La palabra ningún es un apócope de ninguno. Se emplea sólo antepuesto a nombres masculinos singulares.
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Ejemplos: Ningún hombre ha osado hablar. Ningún caballo ha pasado por este camino. Que ningún político corrupto venga a la reunión.
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Apócope: supresión de algún sonido al final de un vocablo. Ejemplos: “Primer”, en lugar de primero. “Ningún”, en lugar de ninguno.
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Ejemplo en el siguiente trozo de la narración
EL VIEJO Y EL NIÑO:
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Aún no habían visto a nadie, en aquellas horas difíciles. Habían pasado muchos días desde aquella larga caminata, entre montañas, sin comer más que lo que los frutos que encontraban en el camino, alguno que otro cajuil o algunas guabas. Un día también lograron cazar un armadillo. Algunos campesinos les daban arepas o trozos de tubérculos.
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Ninguno de ellos había visto pasar ni oído hablar de los hermanos del muchacho. Nadie sabía dónde podían estar. Ningún campesino quería tener problemas y preferían no dar referencias, aunque las tuvieran. Todos tenían miedo. Ese miedo que hace que te refugies en lo más hondo de tu mismo ser y no te atrevas mirar a los ojos a tu interlocutor. O que intentas mirar directamente, pero tu vista resbala hacia un lado, mientras te sonrojas o palpita más fuerte tu corazón, o ambas cosas te suceden a la vez. Era el miedo a saber y a dar a conocer algo. Era el miedo al terror, a la amenaza constante, por hablar, aunque fueran cosas tan inofensivas como decir si se vio pasar a dos muchachos de aproximadamente 18 y 20 años. Cualquier información podía ser procesada por los agentes infiltrados entre los mismos campesinos. Cualquier información podía conducir por algún camino peligroso, sin retorno.
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RECUPERANDO EL IDIOMA CASTELLANO 4

CAPÍTULO 4

OIR Y ESCUCHAR.

Fíjese en el siguiente diálogo:

-Oye… dime, ¿oyes lo que oigo?
-No sé… ¿qué es lo que oyes?
-Escucha con atención. Mira hacia allí, hacia la colina.
-Pues, de allí no oigo nada, por más que escucho.
-Bueno, tal vez sólo me ha parecido oírlos…
-¿Oír, qué? ¿Otra vez estás delirando?
-No. Es que siempre me ha parecido volver a oír los tambores aquellos…
-No, no. Más vales que los olvides.
-No puedo. Parece que el eco de esos tambores, hubieran quedado para siempre en mis oídos. Los tan claro aquella mañana…
-Escucha… creo que yo también los oigo, ahora. Sí, vienen de más allá de la colina.
-Ahora el que no los oye soy yo…
-¿Es que nunca estaremos de acuerdo, tú y yo?
-Calla y escuchemos juntos. Tal vez así los oigamos, al mismo tiempo, tú y yo.

En este diálogo se han usado correctamente los dos verbos.

Vamos a ver lo que significa oír:

Es la acción de percibir* algo con el oído. Nos damos cuenta de un sonido o ruido. Es la primera acepción del diccionario. Pero también significa atender a los ruegos, súplicas o avisos de alguien (segunda acepción). Hay más acepciones, pero esas dos son las más importantes.

Escuchar, sin embargo, significa: Prestar atención a lo que se oye; atender a un aviso, consejo o sugerencia; aplicar el oído para oír.

Por eso, podemos oír algo sin haber escuchado. Lo hemos oído sin que hayamos prestado atención para lograrlo, por casualidad.

También podemos escuchar con mucha atención, sin lograr oír, a causa de interferencias o por no agudizar el oído en forma correcta.

Los dos verbos significan cosas distintas, pero se complementan. Por eso ocupan el lugar que les corresponde, en el diálogo que he puesto de ejemplo.

* Percibir es ser conscientes de una información que recibimos a través de nuestros sentidos. Este lo puedo explicar, en mayor profundidad, en algún artículo sobre psicología.


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RECUPERANDO EL IDIOMA CASTELLANO 3

TERCER CAPÍTULO
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¿HAYGAN, HAIGAN O HAYAN? ¿HAYA O HAYGA O HAIGA?
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He aquí otro caso de deformación del idioma castellano. Recuerdo haber sido corregido por algunas personas cuando he dicho, por ejemplo: “Una persona que haya cometido un delito debería ser castigada”. “No se dice haya sino haiga”, me han dicho…
La palabra viene de la formación verbal en tercera persona, de la conjugación del verbo haber, en sus acepciones 6 y 7, del diccionario de Espasa Calpe.


6.- Estar realmente en una parte.
7.- Existir real o figuradamente algo.

Ejemplos: “seguramente haya trigo sembrado en aquella planicie”, “es posible que hayan seres inteligentes en otros planetas”


El verbo haber se usa, también como verbo auxiliar, para acompañar otros verbos. Específicamente se usa en el tiempo Pretérito Perfecto.


Ejemplos: “que yo haya ido, que tú hayas ido, que nosotros hayamos ido, que vosotros hayáis ido, que ellos hayan ido”. También se dice: “que ustedes hayan ido”

El verbo “haber” se suele confundir con el verbo “hallar”.

El verbo hallar es sinónimo de encontrar y significa:
1.- Dar con una persona o cosa que se busca o por causalidad.
2.- descubrir algo hasta entonces desconocido.
3.- descubrir la verdad de algo.
4.- conocer, entender, después de una reflexión.
5.- Estar presente.
6.- Estar en cierto estado.

Ejemplos: “He hallado un nido de perdices en aquellos matorrales”; “hallé un nido de perdices, ayer”; “por fin hallaron la verdad de lo sucedido, una vez que el culpable reconoció su delito”.

Un ejemplo más completo lo encuentran en el siguiente extracto de la siguiente narración “El viejo y el niño”:
Ya había transcurrido una semana, desde que habían dejado su hogar y aún no habían hallado a los hermanos del muchacho. Gracias a la joven mujer, que los había ayudado, dándoles un poco de alimento y bebida, los dos forasteros habían logrado sobrevivir. La pobre les había dado un poco de yuca y un trozo de arepa, lo único que tenía en su humilde choza de palos y hojas de palma.
Ni el viejo ni el niño hablaban ya de los hermanos. Lo que les interesaba, ahora, era hallar un lugar donde trabajar, para poder alimentarse. No podían seguir viviendo de la caridad de personas que encontraban en su camino y que apenas tenían algo para comer ellas mismas. “¿Es posible que los soldados hayan hallado a los muchachos y los hayan matado?” pensaba el viejo. “¿O habrán decidido irse con la guerrilla? A fin de cuentas, más vale morir luchando que dejarse matar sin motivo alguno” Por lo menos eso es lo que habría hecho él si hubiese sido más joven, con la experiencia que tenía en ese momento. A sus años, más bien sería una carga para cualquier grupo combatiente. Además, él nunca deseó la violencia, a pesar de haber perdido a tantos parientes, todos asesinados por los “paras” o los soldados del gobierno. Él había confiado en Dios y en “su Justicia”. Sus nietos, sin embargo, eran muchachos poco mayores que José, que lo acompañaba en su huida. Tenían toda una vida por delante y no merecían morir.
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¿POR QUÉ ESCRIBO TAN POCO Y NO TERMINO ALGUNOS ARTÍCULOS?

Imagen publicada en la página LA REVISTA.


Comentario al final de este artículo.





Un saludo de discupas para mis lectores, algunos de los cuales han criticado que escribo pocos artículos, que no actualizo mis páginas y que ni siquiera termino algunos artículos, como es el caso de la serie que trata el tema de LA FAMILIA.



El motivo de mis interrupciones está en las actividades que estoy llevando a cabo, viajando por diversos lugares, intentando hacer producir una parcela devastada por la sequía y otros proyectos. Los viajes son muy sacrificados, en condiciones muy difíciles. La estadía en la parcela es más sacrificada aún y no hay forma posible de comunicarse con el exterior, con excepción de teléfonos celulares (mientras dura la carga de la batería).



Por otra parte, estoy preparando una serie de trabajos para impartir talleres o cursos (cursillos) de distintos temas, al mismo tiempo que intento darlos a conocer a quienes tengan poder de decisión para aceptarlos, lo que no es nada fácil. Tengo métodos pedagógicos muy avanzados, pero soy un desconocido en los círculos en los que me estoy moviendo actualmente.



Creo que no podré hacer un buen trabajo en mis blogs hasta por lo menos unos cuatro meses. Mientras tanto iré escribienbo lo que pueda, cuando tenga acceso a los medios necesarios.



Estoy leyendo y releyendo muchos libros, los que deseo analizar y compartir el resultado de esos análisis. Leo por donde voy, en buses, taxis o cualquier medio de transporte, incluso caminando en senderos de montañas.



La gente no entiende por qué lo hago. En países como Venezuela (específicamente en el estado Zulia) nadie lee en los buses. Y cuando me ven leyendo, muchos me preguntan si estoy leyendo la Biblia (como si fuera lo único que se puidiera leer con interés...). Muchas veces esa pregunta me sirve para explicar lo que estoy leyendo, de qué se trata el libro del momento y por qué lo leo. Para ahorrar tiempo voy subrayando o marcando datos importantes, para luego poder hacer los análisis escritos. Esto es menos comprensible aún para quienes me ven haciéndolo.



Pero es mi forma de trabajar. Intento ganar tiempo, aunque siento que éste se me escapa de las manos. Entre lectura y lectura me encuentro con mucha gente, a través de quienes me entero de diversos problemas. Algunos de ellos los puedo ver, directamente. Algunas personas critican a sus gobiernos, muchas veces sin saber que no es el gobierno la causa de sus males. Otras personas hablan de sí mismas y se sienten superiores, se vanaglorian de las cosas que hacen, como si fueran verdaderos héroes, ignorando que hay miles de personas que hacen trabajos tanto o mas valiosos que los suyos o que no importa lo que se hace individualmente sino por qué se hace lo que se hace y en beneficio de quién.



Voy conociendo (como siempre) personas con distintas formas de pensar, aunque la mayoría tiene muchas cosas en común y muchas veces coinciden, sin saber cómo, en cosas que aparentemente no están de acuerdo. Cuando defienden un argumento lo hacen con énfasis y seguridad, como si sólo ellos tuvieran la razón. Muchas veces están equivocadas. A veces tienen razón. Cuando se logra que escuchen y se les muestra algo que desconocen, empiezan a dudar y se dan cuenta de que tal vez estaban equivocadas. Lamentablemente, las conversaciones son cortas y no hay posibilidades de profundizar en tema alguno. Por eso se abre paso, por lo general, a banalidades. Se habla del tiempo, de cosas que pasan en la casa o con amigos, etc.



He escrito (a mano) muchas cosas en forma resumida, para poder ofrecer en el futuro lo más provechoso de mis intercambios de ideas. Pero no sé si algún día podré darlas a conocer, como sería mi deseo.

Uno de los libros que estoy leyendo en estos días es BREVE HISTORIA DEL SABER, del escritor norteamericano Charles Van Doren.

Es un libro escrito en forma sencilla, muy ameno y que ayuda a recordar cosas que se ha leido en la escuela, institutos, universidades o en lecturas individuales, y que abarca todas las ramas del saber. Por supuesto que tengo muchos comentarios que hacer a este libro, que me gustaría dar a conocer en un futuro cercano. Es un buen libro, pero no es objetivo, en absoluto.

He elegido la imagen de Galileo Galilei, por ser uno de los científicos a los que hace referencia el libro y porque es uno de mis "héroes", desde que empecé a pensar en forma libre y crítica, hace ya más de cuarenta años.

Reitero mis disculpas a mis lectores. Espero escribir en forma satisfactoria, lo antes posible.