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martes, 2 de marzo de 2010

SOMOS MÁS DÉBILES QUE LAS HORMIGAS

fotografía de MARTIN BERNETTI, publicada en EL PERIÓDICO.

El último terremoto, en Chile, nos hará reflexionar sobre muchas cosas, aparte de lamentarnos por las pérdidas materiales y vidas humanas en esa larga franja que se extiende desde la Frontera con Perú hasta la Antártica. Son más de 4000 kilómetros, con sus costas bañadas por las grandes olas del Océano pacífico, en el oeste. En el este está la inmensa cadena de montañas que todos conocemos como la Cordillera de los Andes. Más allá de esas montañas está Argentina.

Así es Chile, una larga franja, que parece ser sólo un pequeño accidente de la cordillera, que debería llegar hasta el mar.

Sus placas tectónicas están en constante movimiento y con cada temblor se desplazan silenciosamente, debajo de esa cordillera y debajo del océano. Con cada terremoto, que podemos decir de una escala del 5 en adelante, los desplazamientos son aún mayores. Eso es lo que ha ocurrido con el sismo de grado 8,8, algo inferior que el sismo de 9,5 grados del año 1960.

Pero no importan mucho las fechas, en este caso. Lo importante es que el planeta sigue cambiando, querámoslo o no. No todas las culpas se las vamos a cargar a la especie humana. Los terremotos han existido desde que la tierra se formó, hace millones de años. Nuevos continentes han surgido desde las profundidades de los océanos y muchos continentes han quedado sumergidos bajo las aguas. Es la vida normal de la Tierra.

Frente a esto, lo único que podemos hacer nosotros es acomodarnos y tratar de subsistir, y ser conscientes de que la vida puede ser más corta de lo que pudimos imaginar. Eso no significa que debamos ser fatalistas. Los cambios que se producen en la corteza terrestre son lentos, aunque a veces algunos de los movimientos sean más bruscos. Lo importante es que, en lo que depende de nosotros, debemos hacer todo lo posible por no acelerar otros cambios, en los que sí ejercemos una gran influencia, como es el cambio climático.

Volviendo a lo del terremoto, una de las cosas sobre las que debemos reflexionar, es que los seres humanos somos tan débiles, más débiles que muchas otras especies animales, como las hormigas y los escarabajos.

Esos animales pueden sobrevivir a todos los cataclismos y adaptarse para seguir resistiendo en todo tipo de condiciones climáticas, por ejemplo. Sus formas de vida no necesitan cambiar. Las hormigas, por ejemplo, seguirán manteniendo un orden y disciplina que nosotros somos incapaces de imitar.

Ante una catástrofe afloran nuestros instintos salvajes y no somos capaces de controlar nuestros impulsos. Eso explica los saqueos que se han producido en muchas ciudades chilenas. Es verdad que el hambre puede justificar algunos impulsos. Pero si las cosas de hacen en forma disciplinada, sin pensar en primer lugar en la subsistencia individual o familiar, los pocos alimentos que existen se pueden distribuir en forma equitativa, entre toda la comunidad.

¿Por qué tiene que ser necesario que se implante un toque de queda y que sean las Fuerzas Armadas las que asuman el control de la situación? ¿Es posible que aún tengamos la mentalidad de los primitivos seres, antes de que estos tuvieran organización social alguna?

Volveré a analizar este problema en otro artículo. Por ahora, hago un enlace al artículo publicado en EL PERIÓDICO de hoy, que se refiere al desplazamiento del eje terrestre, a causa del último terremoto, en Chile:

EL PERIÓDICO