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domingo, 10 de abril de 2011

ALIMENTARSE EN FORMA SANA, MITOS Y REALIDAD, 6

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Continuación de una serie de artículos que antes estaban en NOTICIERO NÉSTOR, blog que lamentablemente no puedo actualizar. En ese blog alcancé a escribir cinco artículos importantes sobre la salud, que recomiendo leer.

Soy enemigo declarado del uso excesivo de las medicinas, que muchas veces se utilizan en forma indiscriminada, sin límite alguno y sin control. Lamentablemente, hay mucho personal médico que receta medicamentos innecesarios. La industria farmacéutica ha sabido introducir una gran cantidad de productos que tienen como principal finalidad aumentar sus ganancias. La salud del ser humano está en último lugar y no importa atiborrarlo de sustancias venenosas con tal de conseguir sus objetivos económicos.

Uno de los tipos de medicamentos (que se venden en cantidades escandalosamente grandes) son las vitaminas y minerales que se envasan en llamativos frascos o envoltorios brillantes que son promocionados en la televisión y medios impresos. Los edificios de las ciudades y carreteras de muchos países están adornados con enormes afiches en los que aparecen niños, jóvenes y ancianos sonrientes que muestran los "resultados beneficiosos" de esos productos.

Todos esos medicamentos son absolutamente innecesarios, a menos que un paciente tenga insuficiencia de alguna vitamina o mineral, probada en exámenes médicos serios y se deben administrar en casos muy especiales. Para el resto de los ciudadanos, las vitamintas, minerales o cualquier otra sustancia necesaria para la salud están en los alimentos naturales como los cereales (los verdaderos cereales, no la porquería que los medios publicitarios llaman "cereales" y que adornan con bellos dibujos), en las verduras, algas, miel, frutas y alimentos derivados de productos animales, aunque éstos últimos no es necesario consumirlos en grandes cantidades.

El tema que hoy me gustaría analizar profundamente es el de las enfermedades que afectan a los huesos, especialmente la columna vertebral, como la osteoporosis y otras afecciones similares. La osteoporosis, por ejemplo, afecta a aproximadamente 75 millones de personas en los países llamados desarrollados, lo que significa una enorme pérdida económica para la sociedad, además de las consecuencias para los pacientes, que pueden sufrir otras enfermedades y accidentes, derivados de lo anterior.

Por ahora no dispongo de tiempo suficiente para escribir mucho sobre este tema, que desarrollaré más detenidamente en otro artículo. Lo que me interesa por ahora es despertar el interés por investigar y encontrar las causas de esas enfermedades, que tienen mucho que ver con la alimentación.

Una de las causas es la absorsión indebida de calcio en los huesos. Durante muchos decenios se ha recomendado, erróneamente, consumir productos lácteos para suplir la carencia de calcio, necesario para la formación y fortalecimiento de la masa ósea. Lamentablemente, se puede afirmar que, como en muchos otros casos, el remedio puede ser peor que la enfermedad. En el caso del calcio, no sólo sería peor sino que el suministro en grandes cantidades es el causante de que la enfermedad se agudice.

Nuestro organismo está preparado para absorver una serie de minerales y otras sustancias nutrientes, como vitaminas y proteínas. Pero esas sustancias deben ser ingeridas en forma equilibrada. De nada sirve aumentar el consumo de sustancias determinadas en forma excesiva, creyendo que en esa forma se va a evitar o curar una enfermedad. En primer lugar, las sustancias que se consuman en forma inadecuada van a ser desperdiciadas. El organismo las expulsará sin haber sacado provecho alguno de ellas. Por otra parte, el trabajo extra que se le da al organismo para deshacerse de esas sustancias le ocasionará desgastes que irán limitando su capacidad defensiva.

En el caso del calcio, si suministramos a un paciente cantidades superiores a las que realmente necesita, el organismo va a utilizar mayor cantidad de osteoblastos, que son células especializadas en la absorción de calcio. Esos osteoblastos van muriendo, de forma natural. Pero su cantidad disminuye más rápidamente, mientras más calcio se consuma, ocasionando osteoporiosis y otras enfermedades.

En los países más industrialzados o en lugares donde hay mayor producción de leche se presentan más frecuentemente casos de enfermedades que afectan la estructura ósea. Esas enfermedades irán en aumento si no se toman medidas para que la consumsión de lácteos disminuya. Pero no sólo se trata de las enfermedades óseas. Recientes estudios indican que los producos lácteos pueden aumentar el riesgo de cáncer.

Invito a mis lectores a leer los artículos relacionados con el tema:





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