Hola, estimado ciudadano o ciudadana;
Te escribo esta carta porque no se me ocurre (por ahora) a quién escribirle. Si le escribo a un famoso líder político, nunca la leerá. El destinatario ni siquiera sabría de ella, porque algún filtro de seguridad la censuraría o la ignoraría. Para comunicarse con ellos hay que estar a su altura, ser conocido o tener suficiente dinero que permita alcanzar un estatus en la sociedad.
Por eso te escribo a tí, tan desconocido como yo. No sé como piensas ni si estarás de acuerdo conmigo Eso no importa, lo que quiero es que leas mi carta. Tal vez, más de alguna vez nuestros caminos se han cruzado, quizás jamás hemos estado ni siquiera cerca.
Ni tú ni yo tiramos bombas, ni traficamnos con armas ni drogas. Ni tú ni yo acosamos a personas que no tienen nuestro color de piel o porque hablan en otro idioma. Ni tú ni yo damos órdenes para que muera gente inocente o que queden niños mutilados o que mueran de hambre o por falta de medicinas.
Pero tú y yo algún día podemos ser acusados de cualquier cosa si se nos ocurre defender lo que es nuestro, sobre todo si nos unimos a nuestros hermanos para luchar juntos y, más aún, si llegamos a ocupar un lugar visible, un puesto de liderazgo.
Que quede claro, cuando digo liderazgo me refiero a una causa justa, no a los caprichos o ambiciones de una pandilla ni a los falsos derechos de ricos comerciantes.
Yo nací en un país lejano, por lo tanto soy inmigrante, como la gran mayoría de los seres humanos que se han trasladado de un país a otro durante milenios. ¿Eres tú, inmigrante? Si no lo eres, tal vez lo fueron tus padres... o tus abuelos o tatarabuelos... Ya sabes, eso era normal y hasta motivo de orgullo para muchos. En algunos países se recibía a los inmigrantes como "nuevos vecinos" y se les regalaban enormes extensiones de tierra para explotar, sin importar si esa tierras ya tuvieran dueños. Total, esos dueños no eran reconocidos como humanos. Eran los "indios", a pesar de que nunca vivieron an la India. Eran los parias, porque no tenían derecho ni a nacionalidad ni a una patria.
Tú y yo hemos pagado impuestos en nuestros países. Si tú también has cruzado fronteras, has pagado impuestos en otro país, que no era el tyo, pero al que ayudaste, has contribudo a su desarrollo, a su seguridad y al bienestar de todos sus ciudadanos.
Ni tú no yo somos millonarios que jamás han pagado impuestos, de esos que pidieron dinero al Estado, que a su vez, pidió dinero al FMI. No, no eres de esas personas que violaron leyes y se salvaron de castigos porque el estado los protegía y beneficiaba. Nunca pagaron sus préstamos y nunca pagaron por sus delitos. Tú no eres uno de ellos.
Tampoco eres uno de aquellos que se prestaron a oprimir a otros ciudadanos, que dispararon con alegría para matar a supuestos "rojos" o supuestos delincuentes.
Te escribo, estimado desconocido, porque quisiera compartir con alguien mi tristeza, para darte ánimo si tú tambien estás triste, para que no pierdas la esperanza, algo fácil de decir pero difícil de lograr.
Tú, como yo, tal vez has creído más de alguna vez que lo que vivimos es una pesadilla. Queremos despertar de esa pesadilla, pero al mismo tiempo tenemos miedo de despertar pensando que, tal vez, la realidad sea aún peor que la pesadilla.
¿Habrá algo peor?

