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jueves, 16 de diciembre de 2010

CREAR, CREAR, PODER POPULAR, segunda parte

Artículo actualizado el 18 de diciembre, 2010

Si la Humanidad tardó tantos siglos para llegar a formar las actuales sociedades, es comprensible que cualquier cambio que se intente ahora para cambiarlas puede tomar mucho tiempo, quizá un par de decenios o hasta varios siglos. Eso dependerá de muchos factores:

1.- El nivel de conciencia que se pueda lograr entre los ciudadanos. Si éstos no toman conciencia de la necesidad de cambiar la actual sociedad capitalista, de la necesidad de avanzar hacia una sociedad sin clases sociales y no están dispuestos a perder lo que muchos creen que podrán lograr sin que haya cambios estructurales, el cambio tardará más de lo que tardó la burguesía en cambiar las antiguas estructuras feudales.
Sobre transición del feudalismo al capitalismo, VER 1VER 2 .

2.- La resistencia de las clases económicamente dominantes a los cambios que reclama la población.

Es indudable que las clases dominantes van a defender sus privilegios por todos los medios posibles. Muy pocos miembros de esas clases se van a unir a quienes desean los cambios revolucionarios. Otras clases, que se encuentran en una posición intermedia, apoyarán mayoritariamente a las clases dominantes, ante el temor de no poder ascender en la escala social y de perder el actual estatus y pasar a formar parte de la clase más explotada. Tomará mucho tiempo antes de que los componentes de esa clase se den cuenta de que en el sistema dominado por una clase explotadora por excelencia, siempre oscilarán entre la posibilidad de subir en la escala social (a la que sólo una pequeña minoría logrará) y la caída en la misma situación de quienes están por debajo de ella, lo que es mucho más probable. El ganar esta clase social para la lucha de los trabajadores es de vital importancia.

La estructura del estado, que fue tomando forma durante varios siglos, está blindada por instituciones de todo tipo, con leyes que son defendidas por un aparato militar represivo y por todo el sistema burocrático-jurídico-administrativo. El estado cuenta, además, con la ayuda de instituciones de estudio, religiones, colegios de profesionales, clubes empresariales, etc. Como si esto fuera poco, el estado capitalista (en este caso) cuenta con toda una gran maquinaria informativa que está al servicio incondicional de la clase dominante. Aquí se incluyen los medios de comunicación de todo tipo, la industria cinematográfica, la industria discográfica, las instituciones deportivas, las editoriales, las empresas de diversión, etc.

Aún cuando se logre cambiar la Constitución y las leyes (proceso muy largo) que están al servicio exclusivo de la clase dominante, al no contar con personal administrativo ni jurídico, los gobernantes y legisladores que han recibido la tarea revolucionaria de transferir el poder al pueblo, se verán obligados a depender del personal que estuvo al servicio de la clase dominante y que seguirán siendo leales a la antigua administración. Esto conducirá al sabotaje permanente y al freno de los cambios que se intente llevar a cabo.

El sabotaje, traducido en destrozos y robo de dinero y equipos, sumado a la mentalidad propensa a la corrupción, se expresará en muchas formas negativas, como el aumento de la negligencia y la mala atención en los servicios públicos (VER UNO DE MIS ARTÍCULOS ANTERIORES, SOBRE LA BUROCRACIA).

La clase dominante tendrá en el aparato burocrático un gran aliado, al que intentará influir para hacerlo cada vez más inefectivo (me refiero, para los cambios).

Otro importante aliado tendrá la clase dominante entre muchos directivos de universidades, tanto privadas como públicas y en otras instituciones educativas, especialmente en aquellas que son dirigidas por instituciones religiosas. Estas, conformadas para servir, fundamentalmente a la clase dominante, podrán influir en los educadores y en el alumnado, argumentando supuestos ataques del gobierno a sus instituciones y negación de recursos económicos.

3.- La ignorancia de la población sobre filosofía, politica y economía, fundamentalmente.
El primer factor expuesto en este artículo es imposible de superar si no hay suficiente preparación intelectual entre la población. La preparación intelectual ha sido siempre monopolizada por la oligarquía y por la pequeña burguesía. Incluso a niveles superiores (de clase) la educación ha sido limitada, puesto que ha recibido los distintos elementos del conocimiento filtrados por la censura internacional, obediente a la clase dominante (ver factor 2). La educación se ha considerado como un vehículo para "progresar", entendiéndose el término como la posibilidad de generar y obtener riqueza, especialmente durante el capitalismo.

Lo fundamental para la burguesía es resaltar ciertos valores que ella ha acomodado muy bien a su medida para justificar las injusticias. Uno de esos valores es la libertad, la que se utiliza, entre otros objetivos, para competir.

Se trata de una competencia fraudulenta desde sus inicios, puesto que los ganadores ya están elegidos de antemano. Así, por ejemplo, aquel que posee tierras, fábricas, inmuebles, dinero, etc., tendrá la posibilidad de obtener la mejor educación. Podrá elegir los mejores centros de estudio, además de contar con ayuda extraordinaria en equipos y materiales de todo tipo. El ganador desde la cuna no necesitará trabajar, tendrá mejor alimentación y todas las comodidades posibles. El ganador seguro es el hijo del burgués. El hijo del obrero, en cambio, deberá empezar a trabajar a temprana edad, no tendrá buena alimentación, no podrá elegir un buen centro de estudios ni tendrá equipos extras de ninguna naturaleza. 

Los hijos de los pequeño-burgueses tendrán mayores opciones para "ganar". Pero deberán aceptar que las plazas son limitadas. Las mejores universidades, por ejemplo, estarán reservadas para los becarios (muy pocos en comparación con quienes pueden pagar su educación con sus propios medios) y para los hijos de los burgueses. Es simple matemática: si hay cien puestos, los hijos de los burgueses tomarán, digamos, 90. Los diez puestos restantes serán para los pequeño-burgueses. Es posible que uno de esos puestos pueda ser ocupado por el hijo de un obrero.

Ahora, lo más injusto es que los burgueses son la clase minoritaria. Por lo tanto, no necesitarán competir entre ellos. Además, muchos de ellos tendrán asegurados sus puestos de dirección en las industrias o empresas de servicio de sus padres, sin necesidad de recibir educación superior. Los pequeño-burgueses están en segundo lugar (en cantidad), menos que los obreros y más que los burgueses. Por lo tanto, ellos sí tendrán que competir en forma dura, pues la gran mayoría no podrá acceder a los estudios universitarios de mejor calidad. En cuanto a los obreros, las posibilidades serán siempre mínimas, casi imposibles.

Vamos a usar una fórmula muy simple: supongamos que tenemos 2 burgueses, 100 pequeño-burgueses y 10 000 obreros.

Para esas 10102 personas existen 10 cupos universitarios. La universidad ofrece 5 cupos para becas (financiados por gobiernos o entidades privadas) Quedan 5 cupos, que podrán ser ocupados por los 2 burgueses (garantizado, pues se compran los cupos). Quedan 3 cupos para repartir entre 10095 personas.

¿Quienes tienen  mayores posibilidades de entrar  a la universidad?

Es posible que mi fórmula matemática (mejor dicho, interpretación) no sea real. Investigue usted mismo/a sobre la proporción real de la gente que entra a las mejores universidades y se dará cuenta de que no estoy muy lejos en mis cálculos. Con respecto a las otras universidades, siempre habrá exclusión de los más pobres. Aún habiendo cupos disponibles para algunos de ellos, no es posible que puedan ocuparlos, porque deben trabajar para ayudar a sus familias.

Volviendo a la idea principal, esbozada anteriormente, la educación ha sido siempre destinada a dar posibilidades de obtener ingresos. En segundo lugar está la utilidad que se pueda dar al país o a determinadas empresas. Estas últimas son las que sacan mayor provecho de la preparación de sus empleados, lo que implica mayores ingresos económicos para ellas. Todo el interés se centra en el dinero. En tercer lugar viene el interés de aprovechar los conocimientos para ayudar al prójimo; para mejorar la salud de los ciudadanos, mejorar sus condiciones de vida, mejorar su educación, etc.

La sociedad al servicio de la clase dominante no se preocupa, por lo tanto, de la parte social, aunque sus representantes afrmen lo contrario. Por eso no se entregan los conocimientos suficientes a toda la población. Al contrario, se la entretiene con la televisión y otros medios, de tal foma de impedir que puedan amenazar el estatus de poder que mantiene.

Por eso es difícil llevar a cabo una Revolución, puesto que las limitaciones en los conocimientos, de las grandes masas de trabajadores, impiden a estas mismas hacerse con el poder (empoderarse, como suelen decir los socialistas venezolanos) como corresponde.

Qusiera referirme al Poder Popular en ex URRS, en Cuba y en otros países en donde se ha intentado o se está intentando construir el socialismo, pero lo dejaré para el final, en artículo aparte, puesto que ampliar aquí el tema a esas experiencias haría esta exposición demasiado larga.

Lo importante es cómo se debe construir el Poder Popular en este momento y dónde. Por eso es importante analizar el caso de Venezuela, el mejor ejemplo que hay actualmente.

El Poder Popular debe ser la base de toda la estructura económica y social de un país. De acuerdo al intento venezolano, este poder radica en los consejos comunales, los que dan origen a la Comuna, una especie de federación de consejos comunales.

La oposición  venezolana ha atacado la idea y puesta en práctica de esta iniciativa, aduciendo que los nuevos consejos comunales van a eliminar a los ayuntamientos (municipios o alcaldías) y gobernaciones. En esa forma se eliminaría a los diputados, consejales, alcaldes y gobernadores, para fortalecer el poder central, a través del Ejecutivo. 

Pero las leyes del Poder Popular no contemplan el reemplazo de esas instancias de poder. Al contrario, los consejos comunales y las comunas pueden facilitar el trabajo de alcaldías y gobernaciones, al hacerse cargo de algunas de sus tareas y compartir información sobre los problemas que afectan a las comunidades así como también elaborar proyectos y planes socio-productivos. Una buena comunicación y coordinación entre el poder ciudadano y los representantes electos en elección popular puede evitar la burocracia que actualmente existe en muchas alcaldías y gobernaciones.

ENLACES (los enlaces a páginas favor del poder popular están en color rojo, los enlaces a páginas en contra del poder popular están en negro y los enlaces a páginas que hacen un análisis crítico, sin eufemismos, están en color verde)

PODER POPULAR Y COMUNICACIÓN

SIGNIFICADO DEL PODER POPULAR VENEZOLANO

EL PODER POPULAR EN VENEZUELA

EXPLOSIÓN DEL PODER POPULAR EN VENEZUELA

CONSEJOS COMUNALES EN VENEZUELA

LA LEY ANTERIOR, DE 2006

LA NUEVA LEY, PROMULGADA EN 2009

MÁS PODER PARA EL PUEBLO

LA TRAMPA COMUNAL

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