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jueves, 9 de enero de 2014

LA FAMILIA, PILAR FUNDAMENTAL DE TODA SOCIEDAD 4

CUARTA PARTE
Escrito por noticieronestor el 23-01-2010 
1.- LA INFIDELIDAD

Como he dicho anteriormente, las parejas fracasan en su inicio y las causas son muchas. Una de ellas (yo diría, la principal) es el desconocimiento de la futura pareja, por apresuramiento o por no haber pensado lo suficiente en la importancia de buscar en ella la coincidencia en su forma de pensar o de actuar, sus costumbres, sus aspiraciones, sus valores morales, su capacidad, su interés de superación, etc. En todas las parejas, lo más importante es la atracción física (en la gran mayoría de los casos) y/o intelectual, la empatía o simpatía (muchas veces, superficial). VER ACLARACIÓN EN ARTÍCULO APARTE. ir a EMPATÍA.

El sentirse atraídas físicamente (generalmente, sólo sexualmente) dos personas lleva al fracaso directo, si no hay afinidades entre ellas. El primer tiempo de ese tipo de relaciones puede ser maravilloso, al satisfacer una necesidad fisiológica, acompañada de afecto (la mayoría de las veces, sólo circunstancial). En estos casos, muy pronto empiezan a aparecer los roces, a causa de intereses individuales antagónicos. El egoísmo de una o de ambas partes se manifiesta cada vez con más vitalidad y es inevitable que la pareja empiece a discutir por nimiedades o por cualquier motivo, muchas veces de forma injustificada.

Puede pasar poco o mucho tiempo antes de que las rencillas y acusaciones mutuas aparezcan. Todo eso puede llevar a situaciones de riñas verbales, insultos y recriminaciones, arrepentimiento de haberse conocido, etc. En el peor de los casos (lamentablemente no poco frecuentes) se llega a las acciones violentas, como lanzamiento de objetos, de maltrato físico, etc. Como sabemos, el maltrato físico puede derivar  en  consecuencias nefastas, como graves heridas e incluso homicidio o asesinato. Eso ocurre, incluso, cuando las personas han dejado de ser una pareja, por separación legal o por divorcio.

El temor al “qué dirán”, a nos ser castigados por Dios (por no cumplir con el “sagrado” sacramento del matrimonio, por interrumpirlo, aunque esto empieza a ser menos común), a un empeoramiento de las condiciones de vida o económicas (pagar en forma individual lo que antes se pagaba entre dos, por ejemplo), a la separación de los hijos, etc., hacen que muchas parejas continúen con su relación matrimonial, aunque ninguno de los dos desea estar junto al otro. En estos casos, un matrimonio puede continuar en ese estado durante muchos años, soportándose mutuamente y haciéndose daño psíquico (el cual va en aumento), que es transmitido a los hijos, los que deben presenciar las discusiones diarias, los comentarios hirientes, el mal humor, etc. Muchas veces son los hijos los que reciben directamente toda la carga de odio y malos tratos. Ese odio se ve agravado, muchas veces, por influencia de las drogas y el alcohol.

En la mayoría de esos casos es comprensible que uno o ambos cónyuges busquen a otra persona, en la que creen podrán encontrar lo que no han encontrado en su pareja. En el caso de los hombres es mucho más corto el tiempo que tardan en encontrar una amante, aunque las mujeres también lo hacen.

En muchos países, como Francia, es aceptable que cada cónyuge tenga amante (las excepciones son escasas). No se dice abiertamente, pero todo el mundo lo sabe. En países como Estados Unidos y España, las parejas de altas esferas de la sociedad (desde el punto de vista económico) se van cambiando, como quien se cambia de camisa o ropa interior,  especialmente entre artistas, actores y actrices de cine, modelos, jugadores de fútbol, toreros, etc. En otros países la infidelidad se oculta, por el temor a los escándalos públicos. Pero en todos los países occidentales, la infidelidad está muy expandida.

¿Quién no sabe de muchos casos de infidelidad de sus compañeros de trabajo, de estudio o de otras actividades, de clientes, vecinos, etc., que tienen amantes? Muchas veces, las mujeres saben que sus esposos tienen una o más amantes. Pero aceptan la situación. Lo que más les interesa es asegurar el mantenimiento del matrimonio y su estatus económico. Muchas de esas mujeres toleran, incluso, los malos tratos de sus esposos o convivientes.

Hay algunos grupos que son más propensos a la infidelidad, como quienes visten uniformes militares o de la policía, choferes de buses, de camiones, etc. Pero la infidelidad se da en todo tipo de actividades y en todas las clases sociales.

Uno de los diez mandamientos que recibió Moisés (según la Biblia) específicamente el noveno, dice: “no desearás la mujer de tu prójimo”. Según la religión católica y otras religiones cristianas más el judaísmo, este mandamiento prohíbe el adulterio. Pero si interpretamos ese mandamiento en forma correcta, nos damos cuenta de que no se refiere al adulterio sino a no pensar (ni siquiera pensar, el pecado comienza ya con el solo pensamiento) en la mujer de un semejante (ser humano). Pero nada dice que una mujer no pueda desear el “hombre de tu prójima”. Tampoco tiene que ver la prohibición o mandamiento con la elección de una sola mujer. Podría interpretarse ese mandamiento como la libertad para practicar la poligamia. Esto implicaría que, mientras no sea la mujer de un semejante (o casada), estaría permitido desear todas las mujeres que no sean del “prójimo”, vale decir, solteras. Es posible que ése sea el motivo por el cual muchas religiones aceptan la poligamia, como los mormones y muchas otras sectas llamadas cristianas, además de los musulmanes. En todo caso, se trata de una poligamia machista, puesto que esas religiones aceptan que los hombres tengan varias mujeres, pero las mujeres no pueden tener varios hombres.

Este mandamiento es una repetición del mensaje aparecido antes en la Biblia. La iglesia católica y otras religiones cristianas han cambiado el contenido de los mandamientos y actualmente sólo figura el que dice que “no hay que tener pensamientos impuros” (VER), lo que implica una ambigüedad mayúscula, porque no especifica lo que significa esa frase. El catecismo dice, textualmente: "No consentirás pensamientos ni deseos impuros".
Nota del 24 de enero, 2010: He querido comprobar mis afirmaciones y para sorpresa mía, he encontrado una infinidad de páginas religiosas relativas a este tema. Lo curioso es que se dicen distintas cosas, muy contradictorias. Hay tantas versiones que es casi imposible especificar lo que la Biblia realmente decía en sus inicios. En una de las páginas se intenta explicar que el hecho de que Moisés hubiera tenido que subir dos veces al monte de Sinaí para recibir las tablas habría originado dos versiones distintas, ya en esa época.

VER ENLACES SOBRE ESTO:

lITURGIA CATÓLICA, UNA PÁGINA DE LA IGLESIA CATÓLICA. AQUÍ SE MENCIONAN DOS MANDAMIENTOS MUY SIMILARES, EL SEXTO Y EL NOVENO, EN NINGUNO DE ELLOS SE HABLA DE ADULTERIO, SINO DE ACTOS IMPUROS.

EL SEXTO MANDAMIENTO APOSTOLADO CATÓLICO. AQUÍ SE MENCIONAN EL SEXTO Y EL DÉCIMO MANDAMIENTO. EN EL SEXTO HABLA DEL ADUTERIO Y EN EL DÉCIMO HABLA DE NO CODICIAR LA MUJER DEL PRÓJIMO.


WIKIPEDIA: AQUÍ SE  PUBLICAN COMPLETOS LOS TEXTOS DEL DEUTERONOMIO Y DEL ÉXODO, EN ÉXODO 14 SE REFIERE AL ADULTERIO Y EN EL 17 A NO CODICIAR LA MUJER DEL PRÓJIMO. EN EL DEUTERONOMIO SE MENCIONAN EL 18 Y 21.

La poligamia no existe en los países occidentales, pero sí existe la promiscuidad casi sin límites. Muchos hombres y mujeres han tenido o tienen una infinidad de relaciones simultáneas. Existen, incluso, clubes de intercambio de parejas y una serie de relaciones múltiples. La mayoría de estas personas son creyentes, van a misa o a otras reuniones en sus iglesias, celebran todas las festividades de cada congregación y nombran a Dios a cada instante.

En Chile y Perú, por ejemplo (y en otros países), conocí muchos casos de hombres que tenían varios hogares, que visitaban a sus mujeres en determinados períodos de tiempo, a veces, después de varias semanas, incluso meses. Por lo general, la vivienda era propiedad del hombre. Las mujeres aprovechaban la ausencia del conviviente para tener aventuras o relaciones sexuales con otros hombres, los que muchas veces vivían a expensas de éstas. En realidad, esos hombres vivían a expensas del “hombre” de la “anfitriona”.

La infidelidad, tan expandida, en forma abierta u oculta, nos da el siguiente resultado: millones de hijos que tienen padres desconocidos, muchas veces reconocidos por el marido, conviviente o amante oficial, pero de padre biológico distinto. Eso quiere decir que muchos hijos de esas parejas se unen de hecho o en matrimonio con hermanos y hermanas, primos, tíos, etc. Por supuesto que la gran mayoría de las veces, sin saberlo.

Sumemos a lo anterior una gran cantidad de hijos adoptados, en distintas circunstancias, a veces legales, otras veces no. Se sabe que cada año desparecen cientos de miles de niños que son secuestrados para ser vendidos. Algunos niños (y adultos) son vendidos a clínicas ilegales especializadas en comercialización de órganos. Otros niños son “entregados en adopción”. En esa forma se van formando o completando familias con hijos que nunca debieron pertenecerles. Muy conocidos son los casos de hijos de desaparecidos chilenos, argentinos y de otras nacionalidades, que fueron entregados en adopción a familias de militares o amigos de éstos durante las dictaduras de los años 70 y 80 (VER).

Según ese cuadro, la familia puede tener ramificaciones interminables, si consideramos los parentescos lejanos. De hacerse las investigaciones correspondientes y con buenos resultados, los árboles genealógicos podrían adoptar formas muy extrañas.

¿Cómo definiría la cúpula eclesiástica a esas familias, en las que hay hijos robados o que fueron engendrados por otros padres y no los padres legales?

2.- LA SEPARACIÓN

Hay muchos tipos de separación, algunas legalmente aceptadas, otras encubiertas. Algunas separaciones son verídicas, otras son ficticias.

Me voy a referir, en primer lugar, a las separaciones ficticias que hay en algunos países. Conozco dos tipos de separaciones de este tipo (PARA AYUDAR Y PARA AYUDARSE), en el caso de Suecia:

SEPARACIÓN PARA “AYUDAR”


Hay personas que se separan para ayudar a ciudadanos de otros países, los que podrán obtener residencia y permiso de trabajo en el país nórdico. Esa ayuda tiene caracteres económicos, en muchos casos. La persona extranjera o un familiar de esta persona remunera alguien para que simule ser pareja de la extranjera o extranjero. Para ello se requiere que el ciudadano sueco (o extranjero con residencia en Suecia) esté separado, no necesariamente divorciado. No es necesario que la pareja ficticia se case, basta con declarar que son convivientes. En los últimos años esto ha sido una práctica común para “importar” parejas, incluidos muchos homosexuales de países latinoamericanos, sobre todo de Cuba, puesto que en Suecia está permitida la convivencia entre homosexuales y en países como cuba, no lo están. 

SEPARACIÓN PARA “AYUDARSE”

El estado sueco es muy generoso con las madres que viven solas, con sus hijos. Hasta que sus hijos cumplen 18 años, toda madre sueca o extranjera con residencia en Suecia (casada o soltera), tiene derecho a una ayuda o subsidio (BARNBIDRAG) que da el estado a través de la Caja de Seguro Público (actualmente son aproximadamente 140 dólares mensuales por cada hijo). Si la madre tiene más de dos hijos, recibe una ayuda adicional. Además, la madre recibe ayuda del estado sueco si el padre tiene bajos ingresos (actualmente son aproximadamente 150 dólares mensuales por cada hijo). Si la madre carece de ingresos o tiene bajos ingresos recibe, además, ayuda para pagar parte del alquiler. Así, una madre con tres hijos menores de 18 años puede obtener, en total, entre 300 y 500 dólares mensuales en ayudas. Conozco, entre otros, el caso de un matrimonio extranjero que percibía esa cantidad de dinero. El esposo, además, recibía ayuda del estado por haber sido dado de baja por una herida que le ocasionó daños en una mano, consecuencia de “accidente de trabajo”. La verdad es que el accidente fue ocasionado por una riña con un ciudadano sueco, en una gasolinera. Estas personas vivieron siempre juntas. Nunca estuvieron separadas. Sólo estaban registradas como separadas y tenían dos apartamentos de alquiler, uno de los cuales subalquilaban. Así como esta pareja hay miles, en Suecia. Y posiblemente, también, en otros países europeos. No tengo pruebas de que eso ocurra en otros países.


SEPARACIONES VERÍDICAS

Puesto que en Suecia ha estado permitido el divorcio durante muchas décadas y las mujeres obtienen tantos beneficios al separarse, muchas de ellas toman la iniciativa para hacer efectivo el divorcio.

Pero, como es sabido, con o sin permiso de las autoridades eclesiásticas o civiles, hay muchas parejas que están separadas. La mayoría están sólo separadas (no divorciadas) por estar prohibido el divorcio en sus países. Quienes están casados por la Iglesia Católica siguen casados hasta la muerte, a menos que tengan dinero para comprar la nulidad del matrimonio. Esto es más frecuente entre las personas de la alta sociedad, como acaudalados empresarios, nobles o príncipes (como es el caso de España). En los registros civiles también existe la nulidad. Para ello sólo basta tener mucho dinero y pagar a abogados que hagan todos los trámites necesarios. Los pobres no tienen esa posibilidad. Lograr la nulidad de un matrimonio implica que los ex cónyuges recuperan su estado de solteros, como si nunca se hubieran casado.

En los países en los que existe el divorcio, muchas veces éste se negocia, como si recuperar la libertad (en este caso) se tratara de un servicio comercial. Las leyes permiten atrocidades como cobrar hasta millones de dólares por alguna de las partes para acceder a divorciarse. Las separaciones o los divorcios permiten legalizar muchas relaciones que antes estaban ocultas o dejar en libertad a los ex cónyuges para que encuentren una nueva pareja, sin que eso parezca inmoral, con excepción de la iglesia católica.

Ya he dicho que no me voy a referir a este tema en profundidad, en este artículo. Pero no puedo dejar de mencionar algo muy importante, que tiene que ver con la doble moral de muchas sociedades de países católicos. Para ello me voy a limitar a dejar algunas interrogantes en el aire: ¿Es preferible vivir en eterno conflicto (con los problemas que he mencionado anteriormente), cuando una pareja no está unida por el amor o es mejor que cada ente viva su vida por separado? ¿Es mejor que algunas personas tengan amantes ocultos/as, en lugar de separarse de alguien con quien sólo hay odio, en lugar de vivir libremente con la persona que aman o creen amar de verdad?

¿Es más importante respetar las leyes religiosas que la felicidad de los seres humanos?

¿Debe obligarse a personas que son víctimas de maltratos a seguir soportando humillaciones y sufrimientos, en lugar de permitírseles su liberación?

¿A qué familia se pretende defender, al obligar a dos personas a vivir en la mentira?

¿Qué objetivo moral se puede obtener al impedirá el divorcio, si no se podrá impedir con eso que estas personas encuentren otras parejas, de todas formas?

No son, en absoluto justificables las opiniones de que “son pruebas que nos envía Dios y hay que aceptarlas para lograr la salvación divina” No se puede aceptar ese tipo de argumentos en pleno siglo XXI. Esa es la teoría del conformismo y la sumisión, que nos ha perseguido y oprimido desde tiempos remotos. El hombre y la mujer están en este planeta para ser felices (o, por lo menos, para intentarlo). No para sufrir, sin motivo alguno. Es verdad que los divorcios pueden llegar a provocar problemas en las relaciones con los hijos o a los hijos. Pero los daños que se les ocasiona a ellos pueden ser peores al mantener una relación sin base moral ni ética, con eternas discusiones adornadas con insultos e improperios, con continuos engaños e intrigas, intentando ocultar lo que no se puede ocultar. Muchas ex parejas han logrado ser amigas y han llegado a comprenderse mejor después de haberse separado. Los hijos, lejos de sufrir traumas o daños irreparables a causa de la separación, se han hecho más fuertes e independientes. Debemos pensar que hay millones de hogares en los que se pierde a uno de los padres, ya sea por enfermedad, por accidente o por haber entregado su vida al participar en una guerra. El sufrimiento de esos hijos es mucho mayor que en los casos de separación de sus padres. En los casos de separación, por lo menos, los padres siguen con vida.

En resumen, las separaciones existen, sea legalmente o no. La promiscuidad existe, sea ésta legalmente admitida o no. Muchos hijos nacen fuera del matrimonio y como seres humanos tienen los mismos derechos que tienen los hijos “legítimos”. Muchos hijos nacen sin saber que tienen un padre que no lo es. Muchos hogares tienen hijos adoptados, en forma correcta o gracias a secuestros y robos (digo en “forma correcta” en lugar de decir en “forma legal”, pues la mayoría de las adopciones ilegales se convierten en legales al falsificar documentos, comprar funcionarios corruptos, etc.). Muchas personas están emparentadas en distintas formas, incluyendo familias de tierras muy lejanas, sin siquiera tener conocimiento de ello. Hay hermanos que no conocen a una infinidad de hermanos o medio hermanos, hermanastros, etc. Hay primos, y todo tipo de parientes que no tienen idea de los lazos genealógicos que los unen a infinidad de seres de otras latitudes o, incluso, de su más cercano entorno.

La familia tiene, entonces, muchos tipos de ramificaciones. Podríamos decir que hay familias de primer grado, que incluye sólo a los padres e hijos reconocidos por ellos. Luego puede haber familias de segundo grado, que incluye a los abuelos, tíos y primos. Finalmente habría que catalogar de tercer grado a los parientes más cercanos, por parte de ambos padres. Lo importante es que la responsabilidad primordial, tanto de padres como hijos, debe compartirse entre los miembros más cercanos de la familia de primer grado.

FIN DE LA CUARTA PARTE.

VER ENLACES RELACIONADOS CON LOS DISTINTOS TEMAS QUE, A SU VEZ, TIENEN RELACIÓN CON LA CONCEPCIÓN O TÉRMINO FAMILIA Y DE ACUERDO A ESTE ARTÍCULO:
Nota del 9 de enero, 2014: Los enlaces ya no eran actuales. Por eso los he borrado. Nuevos enlaces se agregarán en un futuro cercano.


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miércoles, 8 de enero de 2014

LA FAMILIA 3, PILAR FUNDAMENTAL DE TODA SOCIEDAD 3

TERCERA PARTE
Escrito por noticieronestor 20-01-2010 

Nota del 8 de enero, 2014: se han eliminado varios enlaces que ya no eran actuales.

LAS FAMILIAS ACTUALES

Actualmente, las sociedades en las que vivimos, ya no se limitan a un pequeño espacio geográfico, en el que todos o la mayoría de los habitantes se conocen. Si bien es cierto, aún hay familias que siguen apegadas a su “terruño” o no se mueven de su lugar de nacimiento, la gran mayoría de ellas emigra a otras zonas, por diversos motivos. Las principales causas son la búsqueda de trabajo o de lugares de estudios especializados, como escuelas superiores o universidades. Podemos decir que gran parte de nosotros nos “hemos transformado en nómadas modernos”.

En el comienzo de la historia humana se emigraba por la necesidad de encontrar víveres para recolectar o animales para cazar. También se emigraba por temor a las catástrofes naturales. Luego se emigraba por temor a ser conquistados o eliminados por otros clanes, tribus o imperios. Más tarde se emigraba a causa de las guerras o las condiciones económicas, que no permitían la subsistencia. Hubo enormes migraciones, especialmente después de la conquista de otros continentes, como el continente americano. A la conquista salvaje de los “salvajes” y la opresión de todos los pueblos americanos (su extinción en algunos casos y la sumisión y esclavización, en otros), siguieron oleadas de migraciones europeas, árabes y asiáticas, en distintas épocas, como antes, durante y después de las dos guerras mundiales y de la guerra civil española.

Hoy se viaja continuamente, a través de todos los continentes y países. La tecnología nos ha llevado a límites increíbles, con los que ni siquiera soñaban nuestros padres o abuelos. Y aún estamos en el comienzo de esta nueva era tecnológica. Internet virtual es ya una realidad. Hay trenes de alta velocidad y aviones que recorren en sólo horas las distancias para las que antes se necesitaba varios meses, para llegar a un destino incierto. Pese a graves accidentes aéreos, de trenes o de autocares, los sistemas de transporte han aumentado la seguridad, en el mundo entero.

Las grandes ciudades europeas, norteamericanas, japonesas, etc., tienen toda una amplia gama de medios de transporte. En Estocolmo, Suecia, por ejemplo, hay una red segura y efectiva de transporte, que se conecta con trenes de larga distancia, de cercanías, metro, tranvías, transbordadores, autobuses, etc., que se puede usar comprando una tarjeta mensual (con excepción de los trenes de larga distancia, aunque éstos también tienen un sistema de descuentos por la frecuencia de los viajes). El viajero se puede subir cuando quiera y tomar las combinaciones que desee, sin necesidad de pagar nada adicional a lo que ha pagado por un mes. Puedo asegurar que los medios de transporte suecos son efectivos, puntuales y baratos, los más baratos del mundo. En ningún otro país he visto un sistema de transporte urbano similar al sueco, a pesar de que en las últimas décadas se ha encarecido. En la década de los 70 se podía comprar la tarjeta por menos de 10 dólares. Durante muchos años se llamó a esa tarjeta “femtikort”, porque valía 50 coronas suecas. Actualmente se acerca a los 80 dólares o más.

En Estados Unidos y Japón hay, además, medios de transporte sin conductor. Es el caso del Metromover, que tiene vagones que viajan, más o menos, a unos 10 metros del suelo y van parando en distintas estaciones. Los vagones van por rieles, como los tranvías. Y se detienen en forma automática. Las puertas también se abren automáticamente. Es posible que ese sistema también exista en otros países europeos y asiáticos. VER  VER VIDEO.

Hay muchas formas de transporte ideadas para usar en el futuro, como redes de vehículos con apariencia de cápsulas, impulsadas por aire comprimido en tubos intercomunicados. Esos vehículos funcionarán con energía nuclear o solar y estarán equipados con todo lo necesario para hacer el viaje placentero y cómodo, con conexión a Internet, teléfono y televisión.

Los trenes de alta velocidad y el metro aún son un sueño para muchas ciudades asiáticas, africanas y latinoamericanas. Se puede decir, con propiedad, que en la mayoría de esos países aún se está en la “prehistoria”, en lo que se refiere a transportes. Podemos poner como ejemplo, las ciudades de Maracaibo y Caracas. Caracas tiene, por lo menos, un Metro que funciona en forma óptima. En Maracaibo hay una línea muy corta de Metro, que se empezó a construir hace unos seis años y tiene sólo algunas estaciones. VER

Del resto de los medios de transporte urbano e interurbano venezolanos, la mayoría son muy anticuados. Los más anticuados medios de transporte urbano son los de Maracaibo. El gobierno del presidente Hugo Chávez está llevando a cabo un ambicioso plan de desarrollo de transporte urbano e interurbano para usar, por ejemplo, el ferrocarril, un medio que fue dejado totalmente a un lado por los gobiernos anteriores, para favorecer a grupos de transportistas, dueños de buses y camiones.
Hoy, 20 de enero de 2010 inaugura Hugo Chávez un "metro cable", funicular que trasportará miles de personas desde uno de los cerros más altos de Caracas (VER).

Y no sólo viajamos físicamente. También llegamos a los más inimaginables y recónditos lugares del mundo, con sólo apretar unas teclas del ordenador o computadora.

Hoy nos podemos comunicar con personas a las que no conocemos, en unos segundos. Y esto lo hacemos en distintas formas, desde el simple mensaje por correo electrónico hasta la publicación de fotografías y videos en Facebook, Sonico y miles de otros servidores similares de Internet. Hay gente que se vuelve adicta y no puede dejar de estar conectada a los “chat” o a las conexiones de Messenger, en los que la mayoría pierde su tiempo.

En este nuevo mundo de la televisión e Internet, se han abierto muchos caminos y oportunidades para que la gente encuentre nuevos amigos y nuevas parejas. A esto hay que sumar todos los viajes a distintos países o a distintas ciudades, por motivos de trabajo o de negocio.

Ya antes de que existiera esta nueva tecnología era muy común que las parejas se divorciaran o se separaran. Pero las nuevas fuentes de información y comunicación han aumentado los divorcios o los casos de infidelidad. No podemos decir, sin embargo, que sea Internet y otros medios los culpables de ese aumento. Éstos medios son sólo vehículos que aceleran un proceso, no que lo provocan. Aunque es verdad que hay empresas que facilitan las relaciones de amistad, matrimoniales o de encuentros casuales, sin ninguna otra finalidad que la promiscuidad. Algunas de esas empresas se especializan en facilitar y promover contactos con la única finalidad de tener relaciones sexuales. Muchas de esas empresas exageran en su publicidad y hacen todo lo posible por encontrar nuevos clientes y conservar los clientes antiguos. La mayoría de las veces ofrecen sus servicios en forma gratuita, pero muy pronto aprovechan la mejor forma de explotar económicamente a los clientes. Muchos clientes que cierran sus inscripciones en los sitios de esas empresas son bombardeados constantemente con su publicidad y envían “invitaciones” a todos los contactos posibles, registrados en Hotmail y otros servicios de correo electrónico. En esa forma ejercen una presión que obliga a muchos clientes a cerrar sus correos electrónicos. Algunos se dejan convencer  y aceptan las invitaciones, sin saber si sus datos serán utilizados con seguridad.

Antes y ahora existía y existe el problema de la infidelidad, de los malos tratos, de la discriminación, etc. No podemos acusar a una ideología política ni a las leyes o proyectos de leyes como causantes de los problemas que siempre ha habido, en lo que atañe a la composición de la familia. Esos problemas fueron causados y fomentados, más que nada, por una concepción errónea que dirigió a la Humanidad durante milenios.

La Iglesia Católica está preocupada por un problema que no es nuevo, pero que desean hacer creer al mundo que es nuevo. Ése es el motivo por el cual los obispos españoles (junto a los dirigentes del Partido Popular) organizan marchas y manifestaciones para defender lo que ellos llaman la familia, aunque ésta tiene muchas formas, como lo he afirmado antes en esta serie de artículos. En el fondo, lo que defienden es la “familia cristiana”, que está constituida por un matrimonio católico, es decir, bendecido por un sacerdote en una iglesia. No se atreven a decirlo abiertamente, pero ése es el ideal de los obispos españoles.

Defendiendo (supuestamente) la familia, los obispos atacan el divorcio y el aborto, sin tener en consideración las grandes necesidades que hay de hacerlos efectivos, en muchos casos. Tampoco quiero desviarme del tema si empiezo a escribir sobre el divorcio y el aborto, que trataré en otros artículos. Ya me he referido a esos temas en otros artículos de mis blogs y páginas web, aunque no en forma que satisfaga mis aspiraciones.

Los obispos también atacan la influencia del Estado laico en la educación. En este último aspecto, atacan la posibilidad de que los niños y adolescentes tengan derecho a una alternativa distinta a la de la enseñanza religiosa, la que no debe, en ningún caso, ser una obligación del Estado. Son los padres los que deben elegir la enseñanza religiosa que consideren conveniente para sus hijos. El Estado debe garantizar una educación independiente de cualquier religión e informar sobre la existencia de muchas religiones y de alternativas no religiosas, como al agnosticismo, el ateísmo, etc. (Yo, personalmente, voy aún más allá: los padres no tienen derecho a imponer una religión a sus hijos, todos los padres deberían darle la posibilidad a éstos de que elijan libremente la religión que deseen, cuando obtengan la mayoría de edad o cuando estén en condiciones de entender el significado de ser fieles a una determinada religión).

Habría que preguntarles a los obispos qué opinan sobre los matrimonios que no han sido consagrados en  su iglesia. ¿Tienen, esos matrimonios, derecho a  formar una familia? ¿Consideran ellos, que los miembros de un matrimonio laico dejan de ser cristianos por no haberse casado por la iglesia? ¿Habrá que dejar a todos esos matrimonios y sus hijos fuera del concepto familia? ¿Y qué pasa con los matrimonios ungidos en otras religiones? ¿No tienen, esos matrimonios, derecho a conformar familias?

Demás está preguntarles qué opinan los obispos sobre las parejas de hecho. Para ellos, todas esas parejas viven en pecado. ¿Habrá que catalogar a todas esas familias como “no familias”? Si usted, amigo lector, es católico y está bien informado sobre los cánones de su iglesia, sabe que esto es verdad. Cuando yo era católico, defendía con firmeza la integridad de la fe católica. Y una de las cosas que dice la doctrina católica (y que yo defendía) es que para ser católico no basta con ser bautizado y confirmado, etc., sino que se debe seguir fielmente los mandatos de la iglesia, cumpliendo con todos los sacramentos y asistiendo a la iglesia con asiduidad. Sólo entonces se puede decir que se es católico. No sólo eso, hay que recordar que se es (en ese caso) católico, apostólico y romano. Todo eso lo sé muy bien, puesto que desde niño me interesé enormemente por la que era mi religión y por la que quise ser sacerdote.

Como dije antes, uno de los temas que no voy a tocar es el divorcio. Pero es conveniente tener en cuenta una serie de factores que influyen en los problemas de convivencia, en una pareja.

Para muchos, quizás para la gran mayoría de los habitantes de nuestro planeta, uno de los deseos es tener una sola pareja para siempre. Ya dije algo al respecto, en el segundo artículo de esta serie. Nos lo han dicho los pastores y sacerdotes. Lo hemos visto en los ejemplos de “vidas sagradas” o “vidas ejemplares” y muchas otras historias publicadas por revistas religiosas o “neutrales”. Lo hemos visto en cientos de películas, tanto para niños como para adultos. Hemos sido influenciados por toda una gran maquinaria de publicidad.

Y no digo que eso sea malo. Al contrario, creo que ese ideal que se nos ha inculcado, justificado o no, desde el punto de vista moral, puede ser positivo. Debemos reconocer que puede ser lo más conveniente, como defensa de la salud, en contra de una multitud de enfermedades que se contagian en las relaciones íntimas, no sólo sexuales sino con las caricias y besos. Mientras más parejas tengamos, más riesgo de contagio existe, especialmente si esos contactos son simultáneos. Me refiero a tener varias parejas al mismo tiempo.

¡Cuántas veces no hemos creído habernos enamorado, la mayoría de nosotros, cuando éramos aún unos niños! Y a esa primera chica de la que nos enamorábamos (en el caso de los hombres), la divinizábamos como si fuera un verdadero ángel o diosa. Éramos incapaces de encontrarle algún defecto y soñábamos con ella, aunque jamás fuimos capaces de decirle siquiera alguna palabra de amor. Ni siquiera sabíamos cómo debíamos decirla o cómo comportarnos. Quienes éramos fieles creyentes cristianos la divinizábamos aún más, creyéndola una santa y no se nos pasaba ni por la mente algún deseo sexual con esa hada. Manteníamos ese amor en secreto y temíamos ser delatados ante cualquier adulto, por considerar éstos (tal vez) que estábamos haciendo o deseando hacer algo tan “atrevido” como tocarle una mano o darle un beso en la mejilla. El temor a ser descubiertos por alguien o creer que la supuesta “novia” podría creer que intentábamos seducirla (aunque, como he dicho antes, ese término se limitaba a inocentes caricias) nos espantaba y huíamos de la “amada”. Así, casi sin darnos cuenta, nos alejábamos más de ella, muchas veces a causa de un viaje, en el que dejábamos para siempre las montañas y los ríos (u otros tipos de parajes) que nos vieron nacer.

Más tarde, cuando ya habíamos olvidado a esa novia del primer amor platónico, su imagen era borrada por otra chica. Un nuevo viaje a un lugar lejano y esa imagen también desaparecía. Y así creímos enamorarnos varias veces, sin jamás llegar a conquistar alguna de esas “diosas”. Supongo que algo similar ocurre con las mujeres, que muchas veces creyeron ver ante sus ojos a su “príncipe azul”.

Tanto hombres como mujeres descubrimos el amor de una forma totalmente distinta a la que esperábamos. Muchas veces perdimos la iniciativa, que era tomada por otras personas con mayor experiencia o menor timidez. Después de vencer horribles miedos nos atrevimos a tocar a quien recibiera nuestro primer beso. Lo hicimos temblando y apenas balbuceábamos unas palabras entrecortadas, mientras la sangre parecía subírsenos por completo a las mejillas y el corazón casi se nos escapaba del pecho, en un palpitar galopante.

Para muchos, el primer beso fue algo que los uniría por mucho tiempo a la otra persona. Para otros no fue más que una experiencia súbita, sin sabor o con un resultado desagradable. Peor aún fueron las más avanzadas técnicas de la seducción. La primera mujer o el primer hombre con quien se perdió la “virginidad”  no eran para nada lo que se esperaba. La falta de orientación y experiencia de dos personas jóvenes puede llevar a un fracaso total ya la primera vez. Pero para muchos, especialmente para los católicos, ese “pecado” era algo que debían arrastrar para siempre, entre los dos. El temor a ser castigados por Dios los llevaba a continuar con una relación que debía llevar al matrimonio, tarde o temprano. Por lo menos así era hace sólo algunas décadas. Si, además, la mujer, adolescente o niña quedaba embarazada, la obligación era aún mayor y muchas veces eran los padres los que obligaban a la pareja a contraer matrimonio. En esos casos ya no se trataba de temor a un castigo celestial sino de “perder el honor de la familia”. Había que obligar a la pareja a “vivir en gracia de Dios”

¿Cómo era posible aspirar a que esas parejas vivieran unidas para siempre, amándose y adaptándose el uno a la otra y viceversa?

De acuerdo a la ley de la Iglesia, la unión matrimonial es para siempre. No se debe disolver. Para nada se contempla la infidelidad, los malos tratos, intentos de asesinato, violaciones, etc., como motivos de separación. La pareja debe mantenerse unida, sea como sea. Y la esposa debe obediencia ciega a su esposo. Esto último ha sido cambiado en las leyes civiles, gracias a la lucha de intelectuales y luchadores republicanos, progresistas o de izquierda. En este sentido, los avances han sido mayores en los países europeos y americanos. Pero no ha sido fácil adquirir esos logros, en un mundo dominado por religiones que han reprimido todo intento de deseos de cambio.

Cuando yo era adolescente y en mis primeros años de juventud, me ufanaba de ser un tipo especial, con respecto a mi familia más cercana (o lejana, mejor dicho, aunque se trataba de mis hermanos). Muchas veces, cuando me preguntaban por mi familia, yo decía: “tengo seis hermanos, pero cada uno de ellos sólo tiene tres”. Una vez que lograba el efecto que esperaba, aclaraba lo siguiente: tenía tres hermanos por parte de padre y tres hermanos por parte de     madre. Lo curioso es que, por ambos lados la distribución era la misma, una hermana mayor y dos hermanos menores.

Mi madre, nacida en Chillán, tuvo una hija, con un ex soldado de apellido Thompson. Al poco de nacer la niña, mi madre enviudó. Por desavenencias con mi abuela, mi madre se vio obligada a dejar a su hija con ella y no sé por qué designios fue a dar a Mulchén, en donde abrió una pensión (especie de hostal con restaurante) para ganarse la vida. En Mulchén o antes de llegar a esa ciudad, mi madre conoció a mi padre. Luego de haber nacido yo, mi padre desapareció de la vida de mi madre y sólo lo vi una vez en mi vida. Mi madre jamás me contó qué había pasado entre ellos. Sólo me dijo que él se había casado con otra mujer y que gracias a él, ella había podido abrir la pensión. Cuando quise saber algo, intentando ver a mi padre, habiendo yo alcanzado la mayoría de edad, ya era tarde. Llegué a su lugar de trabajo dos años después de su defunción.

Después de esa relación, mi madre se casó y tuvo dos hijos con un carpintero alcohólico. Éste no tuvo más hijos. Después se separó de éste y convivió con otro alcohólico. Ambos tuvieron muertes tristes, a causa de sus ingestas alcohólicas.

Cuando yo intenté encontrar a mi padre, supe que éste había muerto atropellado por un camión, en una carretera. Iba ebrio cuando tuvo el accidente. Por lo tanto, los tres hombres que tuvieron hijos o vivieron con mi madre (y que yo conocí), murieron por la misma causa: EL ALCOHOL.

En mi aventura en busca de mi padre supe entonces, que tenía otra hermana, por parte de mi padre, que tenía casi la misma edad mía. También había dos hermanos menores, que tenían, más o menos la misma edad que tenían los hermanos por parte de mi madre. Logré localizarlos a todos, incluyendo a la madre de mis desconocidos hermanos y a muchos primos y primas, todos profesores, con excepción de los hermanos menores.

Todo eso ocurrió entre los años 1935 y 1968, fecha aproximada de cuando nació mi hermana mayor, por parte de mi madre y la fecha aproximada de cuando yo hice el viaje desde Santiago al sur para, entre otras cosas, tratar de saber algo de mi padre.

Más tarde me he encontrado con multitud de personas, mayores o menores, de distintas nacionalidades, que ha tenido historias similares, con muchos hermanos repartidos por doquier, muchas veces sin saber que ellos han tenido esos hermanos.

¿Por qué inserto esta parte de mi vida personal en este artículo? Muy simple: trato de demostrar algo que ha existido siempre y que ninguna religión ha logrado impedir, porque pertenece a la naturaleza intrínseca del ser humano, por lo menos concorde con los códigos que le entregaron milenios de influencia religiosa machista. No es algo que se pueda eliminar con sermones o con adoctrinamiento alguno. Es algo que debe resultar como consecuencia de una nueva sociedad, en la que los valores morales cambien radicalmente. Pero para ello deben cambiar primero que nada, las condiciones de vida de los seres humanos. Es necesario cambiar la conciencia política y social de hombres y mujeres, que se liberen de sus cadenas culturales y piensen más por sí mismos que dejar que otros piensen por ellos.

Si algún día se logra la justicia social, la igualdad y el respeto entre los ciudadanos; si se obtiene la igualdad de géneros y se muestra tolerancia con las tendencias sexuales de cada uno, es posible que las familias lleguen a ser lo que siempre se ha soñado que sean, no porque lo imponga una u otra religión sino porque sería una etapa superior del ser humano, que sabrá elegir a su pareja en mucho mejores condiciones que las que hemos tenido los que hemos vivido en estos dos siglos de profundos cambios sociales y mejores aún que las condiciones en que se encontraban nuestros antepasados.

Desde hace muchos siglos (yo diría que desde el comienzo de la sociedad humana más antigua) hasta la actualidad, ha habido dificultades para decidirse por la fidelidad hacia una sola persona, el respeto mutuo y la igualdad en una pareja, ya sea matrimonio o pareja de hecho.

Una de las cosas que han cambiado y en las que no se debe retroceder es en la libertad sexual, que permite que existan (en varios países) los matrimonios o uniones entre homosexuales.

La sociedad machista ha mantenido y mantiene todavía a la mujer subyugada al dominio del hombre, en la mayoría de los países del mundo. Asimismo, se ha discriminado a los homosexuales y se les ha impedido (y se les sigue impidiendo, sobre todo en países de religión musulmana y otras religiones, como la católica) que sean considerados como seres normales. Para las religiones, el ser homosexual es un pecado, es desviación sodomita o enfermedad que se debe curar.

El manifestar abiertamente la homosexualidad significa la cárcel y hasta la muerte, en algunos países. Sin embargo, la homosexualidad estaba generalmente aceptada en lo que se considera la cuna de la civilización occidental (y también de las que han dado origen a la civilización oriental). La homosexualidad ha sido aceptada y practicada en casi todas las civilizaciones antiguas y hasta nuestros días. Muchos científicos, artistas, políticos, escritores y filósofos fueron homosexuales. Ellos también nos han legado buena parte de los avances científicos y culturales. Y el haber sido homosexuales no les quita mérito, en absoluto. Recordemos sólo algunos: Leonardo D`Avinci, Federico García Lorca, Oscar Wilde, Miguel Ángel, Abraham Lincoln, etc.

De no haber sido por muchos luchadores, dentro y fuera de la iglesia (más de fuera que de dentro), en nuestros países también existirían esos crueles e injustos castigos. Piense usted, amigo lector o amiga lectora, que la “Santa Inquisición” duró varios siglos. Pero como esa forma de verdadera dictadura terrorista se hizo cada vez más impopular y la iglesia se enfrentaba a una rápida muerte, se la debió eliminar, aunque aún hay sacerdotes y obispos que la añoran o defienden. Esos sacerdotes, obispos y cardenales tratan de justificar lo injustificable. Es el mismo caso de quienes añoran el franquismo en España y culpan a la “democracia” de todos los males que afectan a la sociedad española.

La iglesia católica es una de las religiones que más atacan la homosexualidad, a pesar de que se han conocido innumerables casos de sodomía entre muchos de sus sacerdotes. Lo más aberrante son los abusos con niños. Pero los obispos han dicho abiertamente que el aborto, por ejemplo, es peor que los casos de pederastia. Es decir, la posibilidad de que una niña menor de edad dé a luz a un niño que ha sido engendrado como producto de una violación, hijo de un asesino o enfermo mental, no debe interrumpirse, por ningún motivo. En caso contrario, la niña-madre será excomulgada y castigada con el fuego del infierno, mientras el pederasta, que abusa de un niño, no merece tales condenas. Se lo puede perdonar y hasta se le permite continuar con sus actividades seculares. Que me disculpen los católicos que se ofendan al leer estas líneas. Pero todo esto es verdad.

No es sólo “ingenuidad” o “humanismo” lo que ha llevado a la Iglesia a intentar acallar las denuncias de pederastia o negociar con las víctimas, para no verse obligados a reconocer miles de casos de violación de menores. Las intenciones han sido las de solidarizarse con sus hermanos, ovejas descarriadas. Es una doble moral, que pone de manifiesto una de las tantas contradicciones de la iglesia católica.

Amigos lectores y amigas lectoras, da la impresión de que he abordado varios temas en este artículo, que nada tienen que ver el uno con el otro. Pero todo está relacionado y sí tienen que ver, porque se trata de dar una visión lo más amplia posible de lo que se puede entender como concepto de familia.

Para usted y para mí, el concepto, la composición y la finalidad de la familia puede basarse en una idea totalmente distinta. Cada ser humano puede tener su propia concepción de lo que es familia, aunque se coincida en algunos o muchos aspectos.

El concepto de familia puede diferir, dependiendo de si la persona es heterosexual, homosexual o bisexual, si tiene una u otra religión o si tiene mucha o poca educación o preparación.  Pero también puede haber puntos de coincidencia entre personas de distintos grupos, entendiendo que debe existir tolerancia entre ellos.

Un musulmán puede tener un concepto de familia totalmente opuesto al de un cristiano. Pero ambos conceptos se deben aceptar, siempre y cuando exista respeto entre ellos. Lo mismo pasa con los judíos o los fieles de otras religiones. Lo importante es que no se impongan las leyes de una religión sobre otras. Un estado laico debe garantizar, por ende, la interrelación respetuosa entre las distintas religiones y no debe aceptar las imposiciones de ninguna de ellas. Demás está decir que TODOS los estados deben ser laicos. Un estado laico debe ser garantía de tolerancia y respeto a los derechos del hombre, la mujer y los infantes, la irrestricta superioridad de los derechos humanos sobre las tradiciones culturales.

Cada familia debe decidir por sí misma (cada individuo, también) la pertenencia o no a una determinada religión. La imposición por la fuerza, por temor o por presión psicológica de una religión debería ser castigada por las leyes civiles.

Las constituciones y leyes de los estados no deben dejarse influenciar por religión alguna. Son los ciudadanos los que eligen a sus representantes, los que (a su vez) deben decidir sobre todo tipo de leyes, como el divorcio, el aborto, la educación, etc. En los países más avanzados en leyes y Constitución existe el plebiscito, para que el pueblo decida sobre determinados temas. Son los instrumentos que se deben aplicar, no la imposición de una religión.

Existe una diversidad de tipos de familia y es muy difícil definirlas como entes exactos, como en las matemáticas. Por eso quiero referirme a tres aspectos fundamentales: la infidelidad, la separación y la nueva relación o nuevas relaciones.

Esos tres temas serán abordados en la cuarta parte de esta serie de artículos sobre la familia.


VER ENLACES RELACIONADOS CON LOS DISTINTOS TEMAS QUE, A SU VEZ, TIENEN RELACIÓN CON LA CONCEPCIÓN O TÉRMINO FAMILIA:

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CEMENTERIOS DE AVIONES

FIN DE LA TERCERA PARTE
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martes, 7 de enero de 2014

LA FAMILIA 2, PILAR FUNDAMENTAL DE TODA SOCIEDAD 2

SEGUNDA PARTE
publicada el 15 de enero, 2010.


Nota del 7 de enero, 2014:
Se han eliminado varios enlaces a páginas que ya han desaparecido. Por ahora no se ha llevado a cabo otros cambios.

DEL MATRIARCADO AL PATRIARCADO

¿Por qué el matriarcado fue, poco a poco, reemplazado por el patriarcado? Probablemente el cambio se debió a razones de fuerza física, más las circunstancias de desarrollo del clan.

En los comienzos del clan, durante el matriarcado, la defensa era dirigida por la “Gran Madre”. Era natural que ese papel le correspondiera a ella, porque, al salir los hombres a resguardar las “fronteras” (defensa exterior), había que defender el hogar o espacio más íntimo del clan, donde estaba la vivienda y el lugar en donde se cocinaba o donde se repartían los víveres. Los hombres regresaban cansados o heridos y dependían de los cuidados de la “Gran Madre” y los otros miembros del clan.

Se supone que, durante el matriarcado, la repartición de víveres o bienes para su subsistencia, se hacía en forma equitativa. Su forma de vida era comunitaria, habiendo igualdad de derechos y deberes entre todos los miembros del clan.

En el aspecto de la defensa, podemos comparar el sistema matriarcal con una colmena de abejas, en la que las guerreras tienen como función la defensa de la reina y de las larvas, que permitirán la multiplicación de guerreras y zánganos y la sobrevivencia de la especie, al asegurar la formación de una nueva reina. Debo subrayar que la comparación con el clan, en sus inicios, tiene que ver únicamente con la organización de la defensa.

La defensa exterior estaba a cargo de los guerreros, que debían ser dirigidos, con toda seguridad, por el más astuto y fuerte, el que se convertía en líder. Este líder se transformaba, poco a poco, en el jefe del clan y reemplazaba a la “Gran Madre” en todas las tareas de defensa interna, además de la distribución de los bienes.

ENLACES RELACIONADOS CON EL CAMBIO DE MATRIARCADO A PATRIARCADO:





El patriarcado se impuso en todas las sociedades primitivas. También fue desapareciendo la distribución equitativa de los bienes, al surgir el comercio, las guerras y la esclavitud.

Muchos individuos descubrieron que no sólo podían domesticar animales y utilizarlos como alimento y para hacerlos trabajar, sino que también podían obligar a los humanos más débiles a trabajar, especialmente a aquellos a los que se conquistaba, como parte de botín de guerra. Fue así como surgió la esclavitud, la que adoptó muchas formas en las distintas sociedades que adoptaron este modo de producción. Sin embargo, quienes más fomentaron la esclavitud fueron los gobernantes de las civilizaciones avanzadas de la antigüedad. Más tarde fueron los imperios, como el Imperio Romano, los que se encargaron de expandir la esclavitud a todos los territorios conocidos en Asia, África y Europa.

VER ENLACES SOBRE LA ESCLAVITUD:




En todo el periodo de transformación de la sociedad comunitaria a sociedad esclavista, la familia se remitía a seguir los designios de los nuevos líderes, que serían sus amos. En todas las sociedades esclavistas, la familia tenía una influencia nula en la clase explotada de esa sociedad.

Como he dicho anteriormente, todos los miembros de las familias de esclavos no eran más que mercancías. Los amos podían vender familias enteras, grupos, lotes o en forma individual. Los amos decidían si un esclavo merecía vivir o morir. Por eso no podríamos decir que los esclavos tenían familia. Eran, simplemente, parte de un rebaño de animales.

Los amos, sin embargo, tenían familias, hasta que eran conquistados por otros grupos étnicos y pasaban a ser esclavos.

Las dos formas más claras de esclavitud fueron la griega y la romana, “cuna de la civilización occidental y cristiana”. Conviene recordar en qué forma estaban organizadas esas dos sociedades y qué importancia le daban a la familia. Conviene recordar, entre otras cosas, que en la antigua Atenas surgió el término “democracia”, que significaba “gobierno del pueblo y para el pueblo”. Pero el pueblo eran los ciudadanos, que poseían esclavos. Además, eran sólo los hombres los que podían ser ciudadanos. Las mujeres no tenían derecho a voz ni a voto, como no lo tuvieron durante muchos milenios, en las civilizaciones posteriores. Con muy pocas excepciones, las mujeres estaban relegadas a la cocina y a la cría de hijos, durante toda la sociedad esclavista, durante toda la sociedad feudal y durante la gran parte de la sociedad burguesa o capitalista. A las mujeres se les dio el derecho a voto recién hace menos de un siglo, más que nada gracias a las presiones de los trabajadores y de los movimientos de izquierda, especialmente movimientos de mujeres socialistas.

Piense usted, amigo lector o amiga lectora, que hace sólo 100 años (una pequeñísima parte de la historia universal) pudieron votar las primeras mujeres. Todas las religiones aceptaron, primero todas las formas de expolotación del hombre por el hombre, aunque debieron adaptarse a los cambios que se fueron produciendo en la sociedad (o, mejor dicho, sociedades).  Las teorías teológicas fueron agregando tintes de humanismo a sus doctrinas. De lo contrario no habrían podido seguir existiendo. Todas las religiones, por consiguiente, aceptaron la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo. Por eso aceptaron, también, la no existencia del voto universal y la no existencia del voto femenino.

VER ENLACES SOBRE EL SUFRAGIO UNIVERSAL, LA LUCHA DE LAS MUJERES Y SOBRE EL SUFRAGIO FEMENINO:




El derecho a voz y voto de las mujeres fueron conquistas de los movimientos de izquierda (NO DIGO PARTIDOS), como lo fueron las ocho horas de trabajo y otras reivindicaciones de los trabajadores, etc.

La familia, en todas esas sociedades patriarcales, eran un grupo de personas de parentesco cercano, en las que el jefe de familia era el padre o el abuelo. Las mujeres debían obediencia absoluta a los maridos.  Los matrimonios eran pactados, por lo general, entre las familias o los jefes de familia. En algunas sociedades de pagaban dotes o se hacían traspasos de bienes.

Aún hoy en día hay matrimonios forzados, en los que influye totalmente la familia de los novios. Es el caso de muchas religiones islámicas, que obligan a sus hijos a contraer matrimonio únicamente con quienes profesan su religión. Y no sólo eso, se les elige la pareja desde que son niños o adolescentes. Así la  familia va creciendo, al emparentarse con otra familia.

Esas costumbres están tan arraigadas en los habitantes de esos países islámicos o con mayoría de creyentes islámicos, que se aceptan, sin saber siquiera de que existen otras formas de formar un matrimonio. El no cumplir con esas tradiciones significa ser castigados severamente, hasta llegar a la muerte de la novia, que es la que, generalmente puede oponer resistencia.

Esto ha ocasionado serios problemas a cientos de miles de jóvenes, hijas de familias que han emigrado a países europeos, que han conocido una cultura distinta, habiendo adoptado las ideas de libertad para elegir la pareja y de igualdad de deberes y derechos para el hombre y la mujer.

El rebelarse contra la decisión de los padres en la elección de una persona que, muchas veces ni siquiera conocen, a estas mujeres les ha resultado ser víctimas de una brutal represión familiar, lo que ha obligado a muchas muchachas a solicitar la protección del Estado, como es el caso de Suecia. También hay organizaciones de mujeres que se encargan de proteger a las víctimas.

El Estado sueco les garantiza protección, llegando incluso a ubicarlas en una vivienda y otorgarles nueva identidad. En muchos casos, sin embargo, a pesar de estar protegidas y tener identificados a los represores y perseguidores, éstos logran ubicar a la víctima y la asesinan. Son los casos llamados “asesinatos por honor”. En esa forma, los padres “limpian” a su familia del deshonor de no haber cumplido con un compromiso de matrimonio. La tradición y la familia son, en estos casos, un obstáculo para los derechos humanos.

La gran mayoría de las hijas de estas familias, por lo tanto, se ven obligadas a aceptar la imposición de sus padres. Esto ha sido ampliamente divulgado en los medios suecos y de otros países. Personalmente, yo he sido testigo del sufrimiento de muchas de mis alumnas que estaban en esa situación. Conocí muchas chicas que se casaron con una persona desconocida (la mayoría de ellas se resignaban y aceptaba la idea de que el amor “viene después”) y supe de algunos casos de enorme sufrimiento, porque ellas se habían enamorado de muchachos suecos o de otra nacionalidad europea o latinoamericana, de religión cristiana o sin religión.

Familias surgidas en esas condiciones difícilmente se podrían tomar como ejemplo. Y en estos casos, no hay excusas para decir que se deben “respetar las tradiciones”. Los derechos humanos deben estar por encima de las tradiciones.

En cuanto a los matrimonios cristianos, podemos decir que la mayoría de los contrayentes eligen (en la actualidad) libremente a sus parejas. Pero también siguen existiendo los matrimonios por conveniencia, en los que se deja a un lado el amor para conservar o aumentar un estatus en la vida pública. Muchos matrimonios los siguen planificando los padres, quienes influyen directa o indirectamente en la elección de las parejas. Esto es más común entre las familias de muy altos recursos económicos.

Por otra parte, sabemos que muchos matrimonios “normales”, si bien es cierto son decididos por los novios, obedecen a intereses económicos. Muchos otros matrimonios obedecen a la necesidad de liberarse de la familia paterna y materna. También existen los matrimonios de “emergencia”, debido a un embarazo prematuro o no planificado. Y también existen matrimonios que son el producto de pasiones pasajeras, basadas únicamente en el goce sexual, sin que las parejas se conozcan realmente. Son muy pocos los casos en los que es el amor afectivo, la entrega sin interés, lo que predomina.

Además de los matrimonios existen muchas parejas de hecho, llamadas de muchas formas, como concubinato, etc. Son personas que deciden irse a vivir juntas como pareja, sin comprometerse a estar registradas como matrimonios, ya sea porque no les interesa casarse, porque no lo consideran necesario o porque, simplemente, no pueden. Para estas personas, no es importante verse obligadas a vivir juntas porque lo dice un documento, sino porque ellas mismas lo deciden, por el tiempo que ambas partes lo consideren oportuno o conveniente.

La gran mayoría de los matrimonios se rompen, entre otros motivos, por las causas que señalé anteriormente. Utilizo la frase “se rompen” y no la forma verbal “fracasan”, porque no se puede decir que si una relación se termina es porque haya fracasado. Era una relación destinada a la ruptura, por la poca base afectiva que hubo desde un comienzo. El término fracasar se utiliza erróneamente, pues el fracaso estuvo al comienzo, no al final. El final de la relación es, en muchos casos, la liberación de una o ambas partes. Es la liberación del fracaso.

Dependiendo del nivel cultural, de la influencia religiosa, de los principios morales que tengamos, desde niños empezamos a soñar con tener un hogar propio cuando seamos mayores. Empezamos por juegos y la fantasía. Cuando llegamos a la adolescencia ya deseamos tener ese hogar.

Quienes hemos sido cristianos hemos deseado tener una sola pareja, para toda la vida. Soñamos con la fidelidad y con el ideal del “amor puro”, ese amor que es superior a todo y nos dará fuerzas para llevar a cabo todos nuestros planes en el terreno económico, profesional y de la formación de la propia familia.

Más tarde nos hemos dado cuenta de que no todo es tan sencillo. Hay muchos factores que imposibilitan la continuación de la gran mayoría de las relaciones matrimoniales o de hecho.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE.

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