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Estados Unidos e Israel atacan, de nuevo, a Irán. Lo hacen como siempre, en una madrugada, cuando es más difícil defenderse (para cualquier país) porque la mayor parte de su gente está durmiendo, incluyendo a quienes trabajan en los sistemas de defensa y administración. También se hace, como siempre, cuando se están llevando a cabo negociaciones sobre el armamento iraní y su derecho a usar energía nuclear para el desarrollo de su industria. Ya se sabía que Donald Trump iba a atacar. Lo que no se sabía, por supuesto, era cuando. Pero podía ser en cualquier momento.
Todos los medios de comunicación occidentales de Europa amanecen hoy con noticias de apoyo directo o indirecto a Estados Unidos e Israel.
Atacar Venezuela era fácil, porque el país caribeño no tiene una capacidad alta de defensa. Lo poco que hay se puede neutralizar fácilmente gracias a la alta tecnología de un país, que es miles de veces más poderoso, con militares y agentes de la CIA, entrenados en muchas guerras y sabotajes en casi todo el mundo. Irán, sin embargo, es una potenca militar que antes ha demostrado que puede ocasionar serios daños a Israel.
Indiferentemente de los objetivos del ataque, Irán puede sorprender con una respuesta que ni Estados Unidos ni Israel esperan o creen que podrán repeler.
Esto no debería suceder, se está jugando (literalmente) con fuego. Las únicas formas que hay para la convivencia entre países es el diálogo constante, sin amenazas y sin guerras.
Entrada publicada a las 8:30 de la mañana, hora de Suecia.
Entrada en estado de elaboración. Se irá completando apenas sea posible.

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