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jueves, 6 de enero de 2011

¿RECONCILIACIÓN EN VENEZUELA? 3

TERCER ARTÍCULO DE ESTA SERIE DE TRES ARTÍCULOS SOBRE LA RECONCILIACIÓN

Cuando se habla de llamar a reconciliación, cualquiera piensa que se trata de apaciguar a personas que han estado enfrentadas en forma violenta o que están a punto de enfrentarse en esa forma. Las declaraciones mismas de quienes solicitan "reconciliación" hablan de olvidar el rencor y "perdonar". Es decir, se trata de poner a "dos niños mimados a sentarse a conversar, abrazarse y prometer no seguir haciendo maldades". 

Pero el problema no es el trato entre las personas o grupos, aunque algunas de ellas tengan intenciones ocultas o declaradas de amenzar con la violencia. No se trata de elegir un lenguaje más sofisticado para expresarse o de arrepentirse de declaraciones que se han hecho y promesa de cambiar sus planes o ideas.

De lo que se trata en este caso, es de obligar a una parte a renunciar a metas políticas bien definidas. Se trata de obligar a renunciar al deseo y compromiso de  cambio estructural de una sociedad injusta, que permite la desigual repartición de los recursos, que impide que se dé solución definitiva a los problemas sociales: a la pobreza, al hambre, a la falta de oportunidades para estudiar, etc.

Se trata, además, de traicionar a los ciudadanos que eligieron un gobierno para que lleve a cabo los cambios que necesita la sociedad. Se trata de "hacer negocios" para permitir la continuidad del sistema capitalista, como siempre se hizo en anteriores ocasiones, cuando algunos partidos tenían planes de políticas revolucionarias o pseudorevolucionarias, pero que dejaron esos planes a un lado cuando descubrieron que podían obtener beneficios para sí mismos. Se trata, en forma resumida, de venderse, dando la espalda al pueblo que eligió ese gobierno.

Hay algo que diferencia a los revolucionarios de los reformistas y de todos los que desean la continuidad de la explotación del hombre por el hombre, de de aquellos que se venden al mejor postor para mejorar su situación económica. Estos últimos son seres abomibables, porque pueden estar en uno u otro lado, infiltrados entre los revolucionarios hasta que consideran que ha llegado el momento oportuno de identificarse con sus amos o sus verdaderos socios. Son abominables porque traicionan a antiguos camaradas que les dieron su confianza y creyeron que eran honestos, que eran verdaderos luchadores, defensores de los trabajadores y de los ideales de verdadera libertad y democracia.

La reconciliación es imposible, cuando la clase trabajadora llega al poder o cuando una vanguardia revolucionaria lo hace junto a ella. Los cambios que se harán en la sociedad son profundos y amenazan el poder económico de las clases explotadoras. Por ese motivo, estas últimas harán todo lo posible por derrocar a los gobiernos que intentan hacer los cambios. Todo su accionar se concentrará en la lucha contrarrevolucionaria y no escatimarán esfuerzo alguno para asegurarse de que lograrán derrotar a la clase trabajadora. Aunque su número es reducido, siempre sabrán comprar conciencias entre la clase media y en gran parte de trabajadores que no tienen capacidad suficiente para darse cuenta de qué lado deben estar.

Sus medios de comunicación son muy poderosos. Con eficaces campañas apoyadas desde el extranjero podrán seguir distorsionando la verdad y continuarán fomentando problemas (como la especulación) que luego irán exagerando, hasta convencer a muchos desinformados de que la culpa de todos los males es del gobierno. Así podrán provocar descontento y encontrarán respuesta positiva a las manifestaciones violentas que algunos grupos se encargarán de llevar a cabo cuando lo consideren conveniente.

Los empleados (especialmente jefes) incrustados en la burocracia administrativa (VER), desde muchos decenios, podrán poner obstáculos a todas las iniciativas gubernamentales. Algunos de ellos se disfrazarán y aparentarán estar junto al gobierno pero llevarán en silencio sabotajes y otras acciones destinadas a frenar los cambios. En esa forma gran parte del pueblo podrá culpar al gobierno de la mala atención al atender trámites de cualquier índole y de burlarse de los usuarios cuando estos reclamen.

La cúpula eclesiástica hará declaraciones repetidas, inmiscuyéndose en la política, tomando abiertamente partido de la clase explotadora, como lo ha hecho siempre en la Historia. Precisamente los arzobispos, obispos y cardenales se encargarán de ofrecerse como mediadores o "conciliadores", aprovechando la inocencia y fe de mucha gente que está acostumbrada a escuchar los mensajes de paz que se entregan en las misas y otras ceremonias religiosas. Más, todo no es más que un plan para ejercer aun mayor influencia para intentar doblegar al gobierno. Los llamados a la "reconciliación" vienen siempre de líderes opositores o de extranjeros que desconocen la realidad venezolana.

Por este motivo el presidente Chávez ha afirmado reiteradanmente que no hay diálogo posible ni reconciliación con la burguesía, entendiéndose que se refiere a la gran burguesía, a esa clase que tiene el control de la mayor parte de la industria y el comercio, de los aparatos de distribución, almacenamiento, etc., y que es dueña de la mayor parte de las riquezas.

ENLACES:


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CARDENAL UROSA PIDE JUSTICIA Y RECONCILIACIÓN

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