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Soy un soñador, como la mayoría de los seres humanos. Y cuando sueño con el futuro me muevo entre el pesimismo y el optimismo. Es una lucha entre los dos estados de ánimo. Creo que todos los soñadores se enfrentan al mismo problema. Frente a nosotros tenemos una realidad, de la cual solo sabemos una parte. El resto está escondida. Toma mucho tiempo encontrar otras partes y casi nunca se las encuentra todas. Por lo tanto, nuestra capacidad de conocimiento y análisis es muy limitada. Cada uno de nosotros desea hechos y descenlaces que satisfagan nuestras aspiraciones. Ese lado ha sido alimentado por años de estudio y experiencias en la vida diaria. Es nuesto lado subjetivo. Sin embargo, no siempre se dan las cosas como queremos y debemos aceptar lo que llegamos a conocer. Ahí entra nuestro lado objetivo. El optimismo nos insta a descubrir la verdad y los reveses nos vuelven pesimistas.
Intentamos ser objetivos, imparciales, pero nunca lo logramos completamente. Es nuestra naturaleza humana: nadie puede ser 100% objetivo. Eso no signiica que debamos renunciar al intento de serlo. Y es ahí donde se acrecienta la lucha entre optimismo y pesimismo.
Fui una de las personas que se enteró muy rápidamente del secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro. Dio la casualidad de que yo estaba enfermo y no podía dormir bien, despertaba varias veces en la noche y estaba muy cerca de Venezuela, aquella madrugada. Creo que fue a las dos horas que oí la primera noticia, con informaciones muy escuetas. Aún no se sabía qué había pasado con el presidente y los dirigentes que aún estaban a su mando exigían que el gobierno norteamericano dijera dónde estaban Maduro y su esposa, Cilia Flores y en qué condiciones. Lo de su traslado a Estados Unidos se supo mucho más tarde.
Ya han pasado cuatro meses (se cumplen justamente hoy) del secuestro (que los medios de comunicación occidentales siguen llamando "captura") y han surgido muchas opiniones sobre las causas del secuestro en sí, del ataque norteamericano y por qué la defensa venezolana no respondió como se esperaba. Han surgido muchas teorías sobre traición o acuerdo en secreto entre Donald Trump y Nicolás Maduro, de la intencion de éste por evitar un mal mayor que hubiera significado la destrucción del país y la muerte de miles de ciudadanos venezolanos.
La teoría que yo creí desde el comienzo era que las defensas aéreas venezolanas fueron burladas por un ataque en que los aviones y helicópteros yanquis volaron a baja altura y que distrajeron la atención de los militares venezolanos atacando en varios puntos simultáneamente, al mismo tiempo que provocaron un corte de electricidad importante. A eso hay que sumar la destrucción de las antenas de comunicación. Al mismo tiempo, Estados Unidos utilizó sistemas de guerra electrónica muy avanzada. Es, más o menos, lo que explicaron los responsabes militares (VER ENLACE AQUÍ).
El sistema de espionaje de la CIA es muy efectivo. Esa agencia tiene agentes (espías) en todo el mundo, que logran infiltrarse en todo tipo de estructuras, incuida la militar. Esa puede ser la explicación de que se supiera donde se encontraba esa noche el presidente Maduro. Es posible que ése haya sido un error del mismo presidente, trabajar hasta altas horas de la noche en un lugar que creía estaba muy bien protegido. Al ser sorprendido por el ataque no tuvo otra opción que la de dejarse secuestrar para evitar más bombardeos en esa madrugada. También es posible que ya estuviera tomada esa decisión desde antes, para el caso de que se llegaba a una situación similar. No sabemos lo que pasó realmente. Si algún día es liberado por el gobierno de Estados Unidos (algo muy improbable) él mismo pueda explicar lo que pasó, exactamente.
Quiero seguir pensando en que no hubo traición aquel día. Si bien no hubo traición contra Nicolás Maduro, s posible que sí la está habiendo ahora, no contra él sino contra la Revolución Bolivariana. Algunas de las decisiones del gobierno de Delcy Rodríguez y muchas declaraciones de altos cargos gubernamentales, políticos y comerciantes, se alejan de la esencia de la revolución misma.
Hace un par de días oí a un importante magnate venezolano hacer declaraciones en un medio público venezolano, que podrían traducirse como la alegría de un opositor por ver logrados sus deseos. En primer lugar, él hablaba de lo "bien que se está mejorando la economía de Venezuela, que en solo tres meses ha avanzado más que en una década". Se manifestaba muy satisfecho porque Venezuela "pronto podría obtener préstamos del FMI". En toda su declaración se deshacía en elogios hacia Delcy Rodríguez y manifestaba su esperanza de que el sector privado "tome las riendas de las actividades económicas". Para muchos chavistas con suficientes conocimientos ese comerciante es un enemigo de la Revolución, porque defiende los principios del neoliberalismo, algo a lo que Venezuela nunca debería regresar.
Mario Silva es un divulgador social que dirigía "La Hojilla", un prograa de televisión que antes se emitía en la televisón venesolana (VTV). Después se emitía únicamente por Youtube, aunque allí le cerraban sus cuentas. Pero ha seguido saliento en esa plataforma, abriendo cuentas nuevas. No sé si lo volveremos a ver en algún programa. Yo no siempre estuve de acuerdo con Mario Silva, sobre todo cuando utlizaba mucho el humor o mostraba durante demasiado tiempo los discursos o declaraciones de los líderes opositores. Pero era un programa muy pedagógico. Estoy muy de acuerdo con él en muchos puntos que abordó en su último programa al que hago un enlace a continuación:
ARTÍCULO EN PROCESO DE ELABORACIÓN.

















