
Foto: Danor Terlevic, Goteborg Posten, Suecia
LA ALTA VELOCIDAD, EL ALCOHOL Y HABLAR POR TELÉFONO. NADA DE ESO ES COMPATIBLE CON LA CONDUCCIÓN DE VEHÍCULOS EN CAMINOS O CARRETERAS PÚBLICAS.
Este y muchos otros videos deberían ser difundidos en el mundo entero. Así ahorraríamos muchas vidas humanas.
Durante más de veinte años me dediqué a preparar choferes de automóvil en Estocolmo, Suecia. Dejé mi profesión de profesor de conductores (y profesor de instructores de conductores), porque necesitaba hacer algo diferente. Necesitaba estar junto a la Naturaleza, para sentirme mejor de salud y protegerla. También necesitaba tiempo para escribir.
Pero no puedo ni podré olvidar nunca las gratas experiencias que tuve durante esos años, tanto en las salas de clase como en miles de calles, caminos y autopistas de la hermosa Suecia.
Desde las calles más tranquilas (desiertas a veces y otras, repletas de gente caminando, de niños jugando, de ciclistas, automovillistas, etc) hasta las autopistas de alta velocidad. Desde las pistas más limpias en una tarde de verano hasta las más sucias y peligrosas, cuando éstas se cubrían de nieve y de hielo en el invierno, que finalmente producían un barro duro y jabonoso, con la arena y la sal que se esparcía para poder transitar.
Cada lección era una aventura. En el aula surgían discusiones que la mayoría de mis ex alumnos jamás olvidarán. Muchos de ellos recordarán, todavía, más de algún ejemplo que expuse, sobre los riesgos en el tránsito, sobre cómo evitarlos y sobre cómo hacer de la conducción una actividad relajante y agradable.
En las lecciones prácticas hubieron muchas situaciones peligrosas y fuimos testigos de miles de transgresiones, escaramuzas y accidentes que difícilmente se podrán olvidar.
Recuerdo a un escritor chileno que atropelló un erizo, durante una lección nocturna. Era imposible ver al pobre animalito, de los cuales mueren miles cada año en los caminos suecos. Y esas muertes nada tienen que ver con los más de 30 000 accidentes con animales alvajes (o silvestres) que ocurren en Suecia anualmente.
El aprendiz de conductor no vio al animal ni se dio cuenta del atropello. Sólo sintió el golpe, que no lograba comprender. Y cuando le dije que había atropellado al pequeño erizo, se puso muy triste y casi lloró. El resto de la lección fue sólo lamentaciones. Por mucho que yo intentaba consolarlo y justificar el percance, no había cómo tranquilizarlo. Creo que mi amigo (la mayoría de mis alumnos terminaron siendo amigos) siguió sufriendo varios días, recordando el erizo muerto.
Ese fue uno de los percances más pequeños. Muchas veces estuvimos (con distintos alumnos) a punto de chocar o salirnos del camino, en una pista totalmente resbaladiza y a la orilla de algún profundo barranco. Otras veces presenciamos accidentes graves, como cuando un Volvo 240 chocó con una camioneta enorme, en un cruce donde no había absolutamente nada que pudiera provocar el accidente. Sólo la estupidez y la falta de sentido común lo provocó (como en más del 99,9% de los casos), pudiendo haber causado la muerte de muchas personas. En esa oportunidad no hubo muertos ni heridos, gracias a que nadie caminaba por esa calle. Tal vez algún día narre como sucedió ese y otros muchos accidentes que presencié o a los que llegué a los pocos segundos de haber sucedido. Más importante que eso, fue la enzeñanza que eso dejó en María, la alumna del momento, puesto que todo lo analizábamos al terminar cada clase práctica
La alta velocidad, el alcohol y las drogas son los causantes de la mayoría de los accidentes. Pero también hay nuevas causas, como el hablar por teléfono mientras se conduce y que tánto le gusta a mucha gente. Recomiendo ver el video y los artículos que escribiré en las próximas semanas, sobre los accidentes de tráfico.
ARTÍCULO EN PREPARACIÓN. SERÁ TERMINADO DENTRO DE POCO.